Reportan distintos medios de comunicación que miles de venezolanos están huyendo por tierra, mar y aire de la tiranía que los oprime. Es legítimo que quienes sufren los vejámenes de una dictadura busquen la manera de vivir en libertad. Es humano que aquellos que mueren de hambre por cuenta del desabastecimiento, rompan sus cadenas y busquen un lugar donde vivir con un mínimo de dignidad.

Lo que hoy se registra en la hermana República de Venezuela era perfectamente impensable hace 25 años cuando aquel país despertaba la envidia de la región, gracias a su progreso económico, derivado de la explotación petrolera. Por cuenta de una arriesgada aventura política, los venezolanos cayeron en el más profundo de los abismos.

En los años 90, Hugo Chávez irrumpió en la vida pública de su país como un militar revoltoso que intentó derrocar, acompañado por un puñado de forajidos, al gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez.

Aquella intentona golpista fracasó, Chávez fue expulsado del ejército y confinado en una cárcel. De allí salió gracias a una amnistía concedida por el presidente Caldera. Voló directamente a Bogotá, donde fue recibido, agasajado y atendido por Gustavo Petro, quien por aquellos años empezaba a construir su carrera política.

Agobiados por la corrupción encarnada en los partidos políticos tradicionales, los venezolanos vieron en Hugo Chávez una salida. Las advertencias de quienes aseguraban que aquel sujeto era un tirano peligroso y tal vez más corrupto que los adecos  y copeyanos juntos, fueron desatendidas.

En cuestión de 4 meses, la campaña de Chávez se hizo imparable. Desde todos los sectores de la sociedad empezaron a ver su nombre como una alternativa necesaria. Subió al poder y no desaprovechó un solo minuto. Derogó la constitución y mandó a hacer una a la medida de sus necesidades, con un capítulo específico que le concedía poderes legislativos, algo que mucho les gusta a aquellos que creen que el Estado se debe ajustar a sus caprichos.

Han pasado cerca de 20 años desde el triste momento en que Venezuela cayó en las garras del socialismo. Centenares de personas han sido asesinadas. Otras tantas encarceladas. Miles se han visto y se siguen viendo obligadas a abandonar su país. De la Venezuela próspera, unida, pujante que conocimos hace algunos años, sólo queda el recuerdo.

Maduro ha sido un fiel y leal sucesor de Chávez. Ha hecho con lujo de competencias la tarea legada por su mentor: destruir a Venezuela.

Los colombianos no podemos permitir que nuestro país siga el ejemplo maligno del vecino. El socialismo sólo trae miseria. El socialismo divide, fomenta el odio, cercena las libertades humanas. El socialismo es sinónimo de desigualdad, de corrupción y de fracaso. El socialismo nos ronda y nosotros, unidos, debemos evitar que ese germen mortal se incruste en el corazón de nuestro país.

@MargaritaRepo

Publicado: noviembre 27 de 2017