Se ha dicho de todas las formas posibles que una de las principales bondades del proceso de paz es, entre otras cosas, la reducción de la producción de sustancias estupefacientes que se han convertido desde hace más de 30 años en el motor de la violencia en nuestro país.

Desde 1983, existe evidencia de que las Farc eran, junto al de Medellín y Cali, el tercer cartel de las drogas en Colombia. Hoy por hoy, son los mayores productores de cocaína de nuestro país, teniendo a Venezuela como ruta principal para el tráfico de la sustancia ilegal.

Pero una cosa es el discurso de La Habana y otra muy distinta son las cifras sobre el crecimiento de cultivos ilícitos, las cuales son francamente espeluznantes. De acuerdo con el reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen –UNODC-, entre 2014 y 2015 Colombia experimentó un crecimiento del 40% en los cultivos ilícitos, pasando de 69 mil hectáreas a 96 mil. En 2013, nuestro país tenía exactamente la mitad de hectáreas sembradas de las que tiene hoy en día.

El informe de la ONU revela, así mismo que 5 departamentos de nuestro país que están inundados de plantaciones de Coca: Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá y Norte de Santander, tiene al 81% de su área con cultivos ilícitos.

Ese mar de plantaciones de coca, se traducen, de acuerdo con las estimaciones de la ONU, en 646 toneladas métricas de cocaína que sería el 46% más de lo que se produjo en Colombia en 2014.

El frente primero de las Farc

La realidad sobre el cultivo de coca y la producción de cocaína en nuestro país, permite concluir que para la guerrilla el proceso de paz ha sido un buen argumento para hacer crecer su poder como cartel del narcotráfico. Las concesiones del gobierno, como la suspensión de la aspersión aérea y el uso del glifosato, pavimentaron la vía para que la guerrilla ampliara su capacidad de producción. A eso, habría que sumarle la decisión del Ejecutivo, de cesar desde hace bastantes meses cualquier acción ofensiva por parte de la Fuerza Pública contra la guerrilla. Así, de facto, las Farc han gozado de licencia para cultivar coca, procesar cocaína y traficar, con la ayuda del gobierno venezolano, toneladas del alcaloide.

El procurador Ordóñez, desde hace meses ha advertido que Colombia está inundada de cultivos ilícitos.

Y como el negocio es lucrativo y ha crecido aceleradamente, sectores de la guerrilla que saben que las curules no serán para ellos y que ven mucho más interesante enriquecerse con el narcotráfico que ejercer como líderes políticos, ya han anunciado que prefieren seguir comerciando con “la merca” y que no van a someterse al generoso acuerdo que les ha regalado el gobierno.

En algunos meses Colombia estará ante un escenario bien particular: las Farc concentradas en zonas de ubicación que serán, en palabras de los propios terroristas “Estados dentro del Estado” en los que ellos harán política y, seguramente como sucedió en el Caguán de Pastrana, cometerán toda suerte de crímenes con total impunidad (Ver “Estados dentro del Estado”), mientras que sus frentes más poderosos y más involucrados en el tráfico de drogas ilícitas seguirán armados y aterrorizando al pueblo colombiano. Como lo advirtió recientemente el Procurador General, Alejandro Ordóñez, el “texto pactado permite que más de la mitad de las Farc no se desmovilicen y no las obliga a disolver la totalidad de sus aparatos violentos”.

Se finiquitará el proceso con las Farc, se firmará un acuerdo perfectamente beneficioso para algunos miembros de esa estructura criminal. Un elevado porcentaje de sus miembros no se desmovilizarán y Colombia quedará inundada de matas de coca. Ese es el resultado de la fallida política de paz de Juan Manuel Santos.

@IrreverentesCol