Cuando estaba en discusión el menjurje de La Habana le hice seguimiento y en varios foros expuse los peligros de los temas oscuros que se estaban conviniendo. Ahora que se comenta la Constitución del 91 olvidamos que, bajo la tutoría del funesto abogado comunista español Enrique Santiago, a ese código siniestro le dieron una pulidita de 310 páginas adicionales que lo convirtió en galimatías azaroso. Aunque sea espurio, ahí está.

Cosas fundamentales se consagraron allí, solo menciono algunas: la permisividad del narcotráfico que se ha traducido en el incremento de los cultivos a 245 000 hectáreas, fuente de financiación de toda clase de exabruptos; la institucionalidad de las protestas; las consultas a las comunidades para poder hacer casi cualquier cosa, comunidades donde las Farc, el Eln y los narcos tienen la mayor influencia y las manejan por las buenas o a las malas; atribuciones del presidente por arte de magia desaparecen y lo maniatan; el debilitamiento de las Fuerzas Armadas con el manido argumento de que con “paz” no se necesitan y, además, la JEP las califica como cuadrilla de asesinos; y, así, un poderoso desorden que se cuidaron de redactar confusamente para que cualquier juez de pacotilla pudiese interpretarlo a su manera para tomar medidas imposibles de desatar.

No quiero con esto defender al presidente a capa y espada, me parece que le ha faltado perrenque para el manejo de los paros vandálicos, es demasiado bueno y, ahí, le cabe la frase del general Uribe, “por creer que todos son como uno, a veces me pasan chascos que me dejan turulato”.

Las matemáticas no son una opinión; pero las leyes mal redactadas como las del pacto Timochenko-Santos, dan para manejarlas al gusto de cualquier tinterillo barato, y eso ha venido sucediendo. Reconozco, además, que Duque no tiene bancada suficiente en el Congreso para modificar esperpentos como los urdidos en La Habana y no quiere mermelada, algo que en este momento se haría indispensable para seducir congresistas con menos títulos que el primer transeúnte de la calle a quien se le antojase entrar allí y legislar, y solo asisten tras billete de cualquier origen. ¿No está por encima la salud de la patria a untarle la mano a un aparecido que es lo único que le interesa? Porque a un congresista espurio no le importa el Estado, el bien común, lo correcto, el futuro, para él solo el bolsillo funciona, aunque eso nos lleve al socialismo del siglo XXI y, ahí, se acomodará de algún modo a la corrupción rampante de los amigos del régimen que los compra como lo ha hecho Maduro con generales, asambleístas, magistrados y, yendo más abajo, a un pueblo adicto a cajas clap, que obtienen sin necesidad de trabajar, usando las camisetas rojas que les regala el partido para asistir a las manifestaciones de apoyo al sátrapa.

He oído también que debería recurrirse a la conmoción interior, ahí también disiento, no porque este sea el camino equivocado, aparecerá la Corte Constitucional para tumbarla arrogándose facultades que no tiene, porque la integran una mayoría de abogadillos sin escrúpulos, de corte santista, que no se parará en pelos para ello.

Entonces vale la pregunta del millón ¿no habrá manera de aplicar con rigor normas existentes así se declaren por una corte torcida inconstitucionales? Algo podrá hacerse en casos extremos ¿o tendremos que dejarnos tragar del comunismo?  

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Ahora la CIDH a salido a defender vándalos y exige arrodillarnos. ¿Son sus “recomendaciones” vinculantes?

El Rincón de Dios

“(…) el temor nos hará ir mirando a dónde ponemos los pies para no caer”. Madre Teresa de Calcuta.

@rafuribe

Publicado: julio 10 de 2021