Lamentablemente los colombianos nos hemos acostumbrado a las noticias de nuestros miembros de la Fuerza Pública cayendo víctimas de las minas antipersonas durante la injusta tarea de erradicar los cultivos ilícitos manualmente. Las minas son sembradas por los narcoterroristas junto a los cultivos ilícitos con el único objetivo de matar o lisiar de por vida a todo aquel que ose acercarse a la fuente de su gran fortuna. Fortuna que en parte se reinvierte en más elementos bélicos para seguir desangrando al pueblo colombiano.

Las historias detrás de esas víctimas son dramáticas y rara vez tenidas en cuenta al momento de evaluar las formas idóneas de combatir el negocio de la droga que no solo afecta el orden público, la fibra moral de la sociedad sino a la economía de nuestro país. Esta semana la revista Bloomberg publicó un artículo escrito por Matthew Bristow titulado As Cocaine Production Explodes, Colombia Tries to Appease Trump (A medida que la producción de cocaína explota, Colombia trata de apaciguar a Trump). Su autor comienza con el relato de la manera cómo el oficial José Carvajal cayó en una mina cerca del municipio de Tarazá, Antioquia después de que a su perra experta en olfatear minas, Tara, se le pasó por alto la mina que lo dejaría sin piernas para el resto de su vida. El oficial Carvajal sobrevivió, pero esa no es la suerte que han corrido 11 miembros de la Fuerza Pública en lo que va corrido del año. El sacrificio de sus vidas y las lesiones de 84 hombres más superan con creces cualquier caso de afectados por la erradicación de cultivos vía aspersión del glifosato.

El Consejo Nacional de Estupefacientes, en una severa contradicción, decidió suspender el uso del glifosato para los cultivos ilícitos pero no para el resto de usos en la agricultura.  La decisión tomada en octubre de 2015 fue ratificada (incluyendo la contradicción) por la Corte Constitucional en el 2017 utilizando el argumento de la precaución tomando en consideración que la Organización Mundial de la Salud había incluido al glifosato dentro del Grupo 2-A, de probables cancerígenos, junto a otros elementos y actividades como consumir carnes rojas y ser peluqueros. Cabe recordar que el Asbesto, cuya posibilidad de causar cáncer estaba plenamente comprobada, y que por ende se encuentra en el Grupo 1 de agentes cancerígenos junto a los embutidos, el alcohol, la combustión de motores diésel y el tabaco, fue recientemente prohibido en Colombia después de surtir todas las etapas de debates en el Congreso de la República. Estoy segura que no se hubiera demorado tanto esa decisión si el asbesto hubiese servido para erradicar la coca.

La decisión del gobierno Santos, que le trajo beneficios a los narcotraficantes, tuvo los efectos esperados: Colombia se convirtió en un mar de coca.  La capacidad de producción de drogas se multiplicó y, debido al superávit, nos convertimos en un país consumidor. Las políticas de erradicación manual, con un alto costo en vidas humanas, junto a la sustitución voluntaria de cultivos no han dado fruto a diferencia de las políticas antidrogas del ex presidente Álvaro Uribe Vélez que disminuyeron los cultivos ilícitos en un 70% poniendo a Colombia en el segundo lugar de producción tras Perú. El presidente Iván Duque atado por las decisiones de la rama judicial que parecería tener más visos legislativos no ha podido acceder a la única variable faltante dentro del programa de lucha antidrogas: el glifosato.

Los problemas del aumento en la producción de droga no se circunscriben a los asuntos internos sino a nuestra relación con el resto del mundo especialmente con los Estados Unidos, el recipiente del mayor porcentaje de la producción. Los Estados Unidos que ya alguna vez nos descertificaron por culpa de Ernesto Samper Pizano que fue elegido a la presidencia con dineros del Cartel de Cali, está mandando mensajes de otra posible descertificación. Cabe anotar que el gobierno de Barack Obama le dio un gran espaldarazo al Acuerdo de Paz de Juan Manuel Santos cuya consecuencia más manifiesta ha sido precisamente el aumento en los cultivos ilícitos. A pesar de lo injusta que sería esa decisión, teniendo eso en cuenta, a los Estados Unidos lo único que les importa es que la droga deje de ingresar a su país.

El sacrificio de la vida de miles de colombianos que se han enfrentado a los intereses de los narcotraficantes no será tenido en cuenta a la hora de que los Estados Unidos tomen decisiones. Sus decisiones las toman en torno a cifras, y si esas cifras de cultivos no descienden ya, nos enfrentaremos a las terribles consecuencias de una descertificación. No queremos más soldados y policías muertos es por eso que pedimos que se use el glifosato ya.

@ANIABELLO_R

Publicado: junio 21 de 2019