Los protocolos en medicina son rigurosos. Cuando el cirujano y su grupo quirúrgico se enfrentan a un tumor agresivo y de aspecto maligno acuden a los equipos multidisciplinarios. Allí encuentran sus colegas, los radiólogos, expertos en la interpretación de exámenes diagnósticos. Estas imágenes nos permiten ubicar la localización del tumor, su extensión, el grado de invasividad, la nutrición arterial y el drenaje venoso. Luego si queremos precisar metástasis lejanas tenemos el irremplazable PET Scan. Así, todas estas ayudas complementarias llenan de información al equipo tratante; el líder del grupo  se comunica con el paciente y su familia informándole sobre la enfermedad y su extensión.

Las imágenes diagnósticas son factores predictivos y ayudas invaluables previo a cirugía. Permite planear la operación; cuando no improvisamos soluciones en el acto quirúrgico, los resultados son más duraderos y exitosos. Todo se hace siguiendo un metódico proceso de planeación estratégica. A mis pacientes les tranquilizo diciendo: primero los operamos virtual y luego viene lo  real. Es muy sencilla la aplicación de la técnica operatoria cuando todo se ha diseñado.

Esta conversación con la familia es de suma importancia. Un grupo  de ella acepta la información, pide aclarar algunas dudas y se convierten en los más cercanos colaboradores del  tratamiento. Unos  buenos aliados  que anhela todo grupo tratante:adherentes a las recomendaciones.

En el otro extremo  están los familiares que se muestran sorprendidos, discuten la 

fidelidad de las imágenes, no aceptan las alternativas de tratamiento e incluso hasta dudan de la existencia de  la enfermedad. 

Este grupo de pacientes y personas que niegan la presencia de la lesión  tienen una alteración que se conoce  en neurología como anosognosia. No reconocer la enfermedad y perder la noción de  ver los problemas es la dolencia social de Colombia.

El narcotráfico es el cáncer que invadió todas las entrañas de la patria; es el combustible de la violencia y el terrorismo, es el lubricante de la corrupción y  la cadena que tiene a los políticos amordazados  a sus padrinos. Invirtió todos nuestros valores y es el responsable de los relevos generacionales del quebrantamiento de nuestro estado de derecho: pasamos de  los ”traquetos originales” a los “traquetos del estado” y de estos a la generación “chicle de bomba”. Tener hoy 200 mil hectáreas de coca es una vergüenza y es la radiografía de la ineficiencia del gobierno saliente.

Cuando 14 millones de colombianos  viven en condiciones de pobreza  y  “aquí no pasa nada”  se pasea rampante, como no pedir que se investigue y sancione a los responsables de emblemáticos casos de corrupción (mermelada, Odebretch, Reficar).  No es posible sembrar la semilla de la transparencia en el cerebro de nuestros adolescentes sino se combate la plaga de la impunidad. Esos que se han robado los subsidios de la alimentación escolar, los medicamentos para quienes sangran fácil o los apoyos para el adulto mayor deben estas respondiendo por los ilícitos cometidos. Nada de casas palaciegas, en la cárcel.

Las palabras de Ernesto Macías  fueron los retratos diagnósticos que presentaron el estado  actual de los problemas de la patria. Se visualizó la enfermedad y sus extensiones sociales. Pero el Senador Macías no es el cirujano; fue el radiólogo que expuso las imágenes.

En la ceremonia de posesión, alegre y lluviosa, el principal acto terapéutico  fueron las propuestas del Presidente Duque. Con  tono vertical y conciliador,  mostró esperanzado  el difícil camino que le espera a su grupo de gobierno para reconstruir la viabilidad de la patria. Contagió el optimismo que guía al cirujano y que transmite como estela para inspirar a su equipo de trabajo.

No es simple o inmediata tarea; el tumor es grande, tiene ramificaciones y raíces  enquistadas. Resiliencia, equidad y transparencia la aristas de la reinvención.

Es un reto de todos los colombianos.

@Rembertoburgose

Publicado: agosto 10 de 2018