A propósito de extradiciones, intercambio de “presos”  entre diferentes Estados, deportaciones de emigrantes, cierres de fronteras, fugas de delincuentes, segundas instancias, narco cultivos, la pedofilia y otros centenares de palabras que componen el nuevo diccionario de las comunicaciones. A propósito de todos los varones y damas que han pasado por las casillas de la fama, buena o mala, hemos aislado a un personaje de mucho calibre: el médico y profesor Luis Carlos Restrepo.

Por sus dotes magistrales y la personalidad insobornable, fue nombrado Alto Comisionado para la Paz  en el primer gobierno del Presidente Uribe, que jugaba a los acercamientos con todos los grupos armados ilegales: Farc, Auc, Eln, residuos del   Epl y M19. Uribe planteó: cese total de hostilidades de las partes, liberar a los secuestrados y entrega de armas al final del proceso. A esta expresión del Gobierno solo contestaron las AUC, Autodefensas Unidas de Colombia.  El Presidente Uribe designó a la justicia ordinaria para formar el contexto de los crímenes imputables y el Alto Comisionado para la Paz entró en acción.

Una organización del Departamento de Antioquia, la  Comisión Facilitadora de Paz, sirvió de soporte a  Luis Carlos Restrepo en la relación con las Auc,  inicialmente. Pero lo más importante de Restrepo fue su constancia,  su labor de sostener la tarea de reunirse con todos los bloques militares y sus jefes, hasta conducirlos a la aceptación de su desmovilización y sometimiento, sin ley preestablecida ni acuerdos inconstitucionales. Así obtuvo el resultado más significativo de un acuerdo, donde prevaleció el Estado, sin igualarlo con los facciosos narcodependientes. LC Restrepo desarmó y puso bajo la normas de derecho a 12.000 hombres y mujeres, más los desertores de otros grupos violentos durante el mismo período. Con el sacar de 18.000 armas de fuego, fundirlas en la siderúrgica de Sogamoso y convertirlas en estirados lingotes, se les iba a convertir dizque en un monumento a las víctimas, según el alcalde Salazar y el Vicepresidente Angelino Garzón. Ahí están todavía a mano de todos los olvidos, 40.5 toneladas metálicas que hoy están arrumadas en un depósito municipal de Medellín.

La valentía de LC Restrepo fue, luego, manchada por una presunta desmovilización del Frente La Cacica Gaitana de las Farc, motivada por el guerrillero Olivo Saldaña, quien ya había tenido contactos con las fuerzas militares. El Ejército, además, en toda desmovilización siempre supervisó, embaló y recogió las armas de las organizaciones criminales depuestas. LC Restrepo fue acusado después de cohecho y porte ilegal de armas, actuación que contrastaba con todas las labores anteriores del funcionario. El Ejército le dio la espalda al Alto Comisionado y este tuvo que asilarse en Canadá con toda su familia, la cual, como él mismo, recibió amenazas de muerte.

Ningún Comisionado, de todos los que han pasado por ese despacho, ha contribuido tanto a la paz del país, ni ha recibido la solidaridad que le debemos haber tenido desde la sociedad ni de su mismo partido.

Las acusaciones por los delitos que se le atribuyen son contrarias a la lógica, a la personalidad y al carácter de Luis Carlos Restrepo. El proceso ha sido engavetado por la justicia colombiana y mantenemos en el ostracismo silente a un ciudadano que merece el respeto y la admiración de todos sus compatriotas.

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: agosto 20 de 2019