Para ganar una elección y más la contienda electoral por la Presidencia de la República, no basta con tener al lado a los afiliados y simpatizantes de un partido político. Se requiere tener la capacidad de convocar y al mismo tiempo concitar voluntades de varias tendencias, y por eso en democracias como la nuestra, existe segunda vuelta, para que previo a esa jornada se junten y reagrupen sectores que con algunas diferencias, tienen muchas identidades.

Un certamen electoral con candidatos que obedezcan exclusivamente al actual clima de polarización, probablemente generaría para segunda vuelta un abstencionismo marcado y cifrado por la desilusión y frustración de muchos electores al ver que derrotados en la primera, no existirá opción que se acerque a las tesis de su vencido candidato. A Colombia y a los colombianos nos convienen candidatos dotados de tolerancia política, que interpreten que no tenemos en los próximos años, la obligación de soportar un régimen de tierra arrasada, impuesto por uno y otro bando de los que hoy se debaten por el control del poder político de La Nación.

A las elecciones presidenciales conviene llegar en sosiego. Nuestra patria lleva más de medio siglo de confrontación política y ahora que llegamos a estas circunstancias de polarización, en donde tenemos diferencias ideológicas y estamos identificados sobre la necesidad de luchar hasta erradicar la corrupción, necesitamos un Presidente de la República comprometido con el bien común.

Creo que entre aquellos dirigentes capaces de impulsar el país por un camino de concertación y reconciliación, probada se encuentra la posibilidad del ex senador Luis Alfredo Ramos, quien como alcalde de Medellín, gobernador de Antioquia, Ministro de Despacho y Delegado de Colombia en la OEA, entre otras responsabilidades, demostró su destreza para atraer simpatías y lograr decisiones.

Las bases de los partidos y los ciudadanos que creen, saben y conocen que la problemática de Colombia no la resuelve un sólo partido político y los mismos directorios políticos de esos partidos, deberían mirar con simpatía dirigentes experimentados en el manejo del poder público y que no arrastren estela de la corrupción. Indudablemente habrá varios con esas cualidades, pero existe uno en particular, que podría acercar a Conservadores, del Centro Democrático, Liberales disidentes, dirigentes también disidentes de la izquierda desgastada en la catástrofe de la división y muchos otros que se mantienen en el centro del espectro político porque no ven alternativa. A Luis Alfredo Ramos debe comenzar a tenérsele en cuenta como un candidato serio y capaz de enfrentar los retos frente a los temores, dudas y desconfianzas que ha generado el acuerdo del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos con las Farc. Sencillamente.

@AlirioMoreno

Publicado: mayo 9 de 2017