El paso del tiempo ha permitido confirmar lo que muchos sospecharon desde el mismo instante en que el país supo que Juan Manuel Santos estaba negociando con la banda terrorista de las Farc: que se trataba de una inmensa operación de lavado de activos y de lavado de responsabilidades penales. 

La ciudadanía no se dejó manipular con el cuento manido de que la paz llegaría a Colombia por cuenta del acuerdo firmado en La Habana, razón por la que mayoritariamente votó negativamente el plebiscito de 2016.

Todo ha sido un verdadero atraco a la sociedad. Los delincuentes se salieron con la suya. Los crímenes de lesa humanidad quedaron impunes y el pueblo tiene que soportar que en el Congreso de la República esté presente la comandancia narcotraficante y terrorista de las Farc.

Los principales negociadores de la guerrilla jamás abandonaron ni las armas ni sus actividades de narcotráfico. Sántrich, Márquez, El Paisa y Romaña mantuvieron sus estructuras delincuenciales intactas, bajo la protección del narcorégimen venezolano, país que se convirtió en un paraíso para tráfico de estupefacientes y la planeación de acciones terroristas. 

Esos que han sido dados de baja, como Sántrich, Romaña y El Paisa, eran los “señores de la paz” a los que Juan Manuel Santos les entregó servida en bandeja de plata la democracia de Colombia. 

¿Para qué ha servido el acuerdo ilegítimo? Para absolutamente nada. Se creó una jurisdicción de paz que se ha esforzado a fondo por mantener la insoportable impunidad. Después de tantos años y el país no conoce una sola sanción contra los secuestradores, reclutadores de menores, responsables del desplazamiento masivo de personas inermes, trafico de cientos de miles de toneladas de cocaína, entre muchos oros crímenes la mayoría de ellos de lesa humanidad. 

Los delincuentes están, al decir popular, muriendo en su ley. En ajustes de cuentas y operaciones posiblemente encubiertas, pero el responsable directo de esta catástrofe que vive el país, Juan Manuel Santos, continúa impune, paseándose orondo por todo el planeta de la mano de su conmilitón Timochenko. 

Esa es la Colombia que dejó Santos. Para mayor frustración, nada podrá hacerse en el corto plazo para enmendar la situación, anhelo que se aleja aún más con la perspectiva de que el país quede en manos del socialcomunista Gustavo Petro. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 10 de 2021