La reforma tributaria es una realidad, se halla inmersa en un problema técnico de comunicación a la población colombiana, que deriva en gran medida de la carga tributaria por concepto de impo-renta, exenciones tributarias a través de los contratos de estabilidad jurídica y equidad horizontal entre impuestos indirectos como el IVA.

Los resultados fiscales de la actual coyuntura nunca esperada ni equiparada a ningún choque económico internacional como el causado por la pandemia, tienen a la economía funcionando a media marcha, en un contexto de alta incertidumbre que complejiza las decisiones de inversión, ahorro y gasto. De plano, la demanda efectiva es muy frágil ante las decisiones de consumo de los colombianos, estamos en un momento de cautela en el gasto, influenciado por la fragilidad del empleo.

En todo caso, una reforma tributaria debe servir al principio de sostenibilidad fiscal de manera que permita que el Estado garantice la prestación de servicios básicos y la provisión de bienes públicos a la población, por lo general estamos del lado del recibir pero no desde el punto de vista del dar, es decir, el quid pro quo no se cumple a nivel tributario en el país, una de sus causas que cuesta casi un 1.5% del PIB es la evasión y elusión tributaria.  De manera que los colombianos caminamos por la misma cuerda floja cada que hay una reforma tributaria, esperando recibir más al menor coste posible a sabiendas que pasado un corto tiempo terminaremos pagando un valor más alto.

Pensar un reforma tributaria, es referirnos a un paquete fiscal desde el punto de vista de eliminación de barreras impositivas y corrección de inflexibilidades fiscales, en muy alto grado la concentración fiscal se halla en cabeza del gobierno nacional pero se nos olvida que las regiones deben permitirse la oportunidad de manejar con mayor responsabilidad el recaudo e imprimir mayor eficiencia al gasto, una de las mayores alertas sobre la salud fiscal de los entes territoriales es la contradicción entre la aprobación de empréstitos y la garantía de uso de los recursos con bajos niveles de tributación.  

El gobierno nacional se ha dado a la tarea de conformar una nueva misión de expertos sobre impuestos territoriales en la que se incluyen: impuesto de renta a personas naturales y dividendos, impuesto de renta a empresas y extensiones sectoriales, incentivas para el campo e ingresos no constitutivos de renta y finalmente, progresividad fiscal de los territorios. Además de  una comisión internacional que sumará sus conocimientos desde el punto de vista que eficiencia y sostenibilidad para el grado de inversión.

Anif y Fedesarrollo han hecho muy bien su tarea, relativa a las recomendaciones sobre la reforma, en la que coinciden en: extensión del IVA que actualmente llega al 35% de la canasta básica, reducción de exenciones a la empresa, reducción de parafiscales e impuestos verdes. Por el lado de los dividendos y del patrimonio se discute la compleja relación entre la formación de capital versus el costo de tenerlo en el país, ello principalmente por los efectos sobre la inversión, además de la inclusión de los impuestos verdes y las contribuciones de las aplicaciones digitales.

La reforma tributaria no va a ser un documento de afán presentado al congreso, y esta vez, el gobierno nacional pondrá sobre la mesa uno de los mayores compendios tributarios en el que esperamos ya no una modificación al estatuto tributario de 1989, sino un nuevo estatuto tributario, el congreso tiene el reto de interpretar, complementar y argumentar con suficiente ilustración no una reformas tributaria, sino una reforma que afecta la relación futura de la economía colombiana, fuera de todo populismo, esto viene a ser un trabajo serio que además debe discutirse en tiempo record.

El fin de esta reforma es asegurar las condiciones de gasto del gobierno nacional partiendo de un nivel de deuda/PIB que paso del 53% a inicios de 2020 y que se acerca al 70% a finales de 2021, los términos de ajuste son inmediatos y debemos alcanzar por lo menos un incremento del recaudo equivalente al 2% del PIB, lo ideal sería del 5%.

Para terminar, los colombianos debemos ser conscientes del reto tributario que se viene para el país, pero tenemos que mirar la proa y la cola de la nave, hay que romper el paradigma de querer más dando menos, y esto se aplica de acuerdo al principio de equidad horizontal y vertical.

@CIROARAMIREZ

Publicado: enero 21 de 2021