La trágica muerte de los suboficiales de la Fuerza Aérea Colombiana, Jesús Mosquera y Sebastián Gamboa, pudo haberse evitado.

Resulta francamente lamentable que la FAC disponga de sus hombres para participar en desfiles, como si ellos hicieran parte de una compañía circense. 

Nada les devolverá la vida a Mosquera y Gamboa, pero este doloroso episodio debe servir como ejemplo y como lección: los soldados de la patria no están para entretener al público, sino para proteger a la sociedad.

El ministro de Defensa, Guillermo Botero, que es un hombre claro y vertical, está en la obligación de emitir la directiva que prohíba la participación de miembros de la Fuerza Pública en ese tipo de eventos. 

Además de ello, el país debe conocer quién fue la persona que solicitó la presencia de 2 helicópteros con 4 uniformados colgando de una cuerda y llevando las banderas de Colombia y Antioquia.

Aquel “espectáculo”, además de ser un elogio a la ramplonería y al mal gusto, tuvo que ser requerido por alguna autoridad y aprobado por un oficial. Ambos, tendrán que ponerle la cara a la sociedad y a las familias de las víctimas mortales, para explicar por qué permitieron que aquel trágico evento tuviera lugar. 

Nadie se opone a que se explaye el pabellón nacional en eventos públicos. De hecho, en muchos lugares del mundo, es costumbre hacerlo. Lo que resulta dramático es que dicha maniobra se haga reemplazando los lastres por seres humanos. 

Aquello, además de no tener gracia ninguna, es causante de tragedias como la que hoy enluta al país entero.

En este momento, sobran los mensajes respecto de “investigaciones exhaustivas”. Es muy fácil determinar quiénes son los responsables de haber ordenado que los suboficiales participaran en el acto que cobró sus vidas, imponer las respectivas sanciones y emitir las órdenes que corresponda para que nunca más se vuelvan a repetir ese tipo de escenas que, se insiste, carecen de gusto. 

Los militares y policías merecen respeto. No pueden ser utilizados como “objetos” en exhibiciones populares. Ellos, reciben entrenamiento para proteger a la soberanía y a la ciudadanía y no para fungir como acróbatas. 

Paz en la tumba de los suboficiales Mosquera y Gamboa, dos héroes que murieron no en el cumplimiento de su deber, sino como consecuencia de la estupidez de algún político fantoche que solicitó su participación en el desfile de los silleteros, en el marco de la feria de las flores y de un general que, para “hacer puntos”, no dudó en ordenar que ellos se colgaran de una cuerda para entretener a quién sabe quién, a un costo muy alto: sus propias vidas. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 13 de 2019