Define el Diccionario de la Real Academia al vocablo ‘rábula’ de la siguiente manera: “abogado indocto, charlatán y vocinglero”.

La definición parece hecha a la medida de Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo, dos abogados supuestamente penalistas que nunca en su vida han sido vistos en acción ante una baranda judicial. 

Montealegre, un burócrata y contratista enfermizo, brincó de cargo en cargo, hasta llegar a la fiscalía general de la nación. Antes de eso, fungió como viceprocurador y tuvo un paso fugaz por la Corte Constitucional, tribunal al que misteriosamente renunció para irse a asesorar en la oscuridad a uno de los peores asaltantes y defraudadores del sistema de salud de nuestro país, Carlos Palacino, otrora hombre fuerte de ‘Saludcoop’ y responsable de la desaparición de billones de pesos del sistema general de seguridad social en salud. 

Montealegre era a Palacino lo que Tom Hagen era a don Vito Corleone, ‘El Padrino’: su consigliere. El hombre de confianza, asesor, la voz que le hablaba al oído y le trazaba el camino para hacerle el quite a la acción de la justicia. 

Se hizo elegir como fiscal general con un mandato, o un poder específico: traspapelar la investigación por el saqueo a la salud y el brutal desfalco de ‘Saludcoop’. Gracias a los buenos oficios de Montealegre, Palacino pudo vivir durante largo tiempo y espléndidamente en su lujosa mansión de Palm Beach.

Es ampliamente conocida la corrupción y la vagabundería que se enquistó en el ‘búnker’ de la fiscalía durante la vulgar administración de Montealegre quien desde que llegó a ese cargo, designó como lugarteniente suyo a Jorge Fernando Perdomo Torres. 

Perdomo es otro abogado sin trayectoria ninguna en el litigio. Dedicó buena parte de su vida a estudiar en Europa y a servir como profesor auxiliar en la Universidad Externado de Colombia. 

Dicen algunos de sus colegas que Perdomo, proclive a acosar al personal masculino de la fiscalía, en su vida “ha sacado a un raponero de la cárcel”. 

Malos para el ejercicio del derecho penal, pero muy eficaces en la planificación y ejecución de montajes, Montealegre y Perdomo convirtieron a la fiscalía en una innoble policía política. 

Ellos se encargaron de estructurar el espectáculo del ‘hacker’ Sepúlveda para impedir la victoria del uribismo en las elecciones de 2014.  

Su inquina contra el presidente Uribe es desbordada. De la nada, y valiéndose de dos falsos testigos -uno de ellos un enfermo mental-, avivaron una investigación temeraria contra Santiago, el hermano menor del exmandatario, a quien acusaron miserablemente de ser el creador de una bandola paramilitar.

De cara al proceso contra Uribe, y faltando pocas horas para que tuviera lugar la diligencia ante una juez de garantías, los rábulas Montealegre y Perdomo salieron con el cuento de que ellos son víctimas del expresidente. Tratan de justificar su posición echando mano de una situación absurda. 

En la investigación que adelantó la corte suprema, se oyó el lúcido y claro testimonio de la exfiscal Hilda Janeth Niño Farfán quien narró con lujo de detalles cómo Montealegre y Perdomo ordenaban acorralamientos mentirosos, infames y falsos desde la fiscalía general. 

Esa declaración, que debe ser oída con toda la atención por parte de la justicia, desató la ira de Montealegre y la histeria de Perdomo Torres -conocido como ‘el caballero de la rosa’-, quienes se inventaron que el testimonio de la doctora Niño Farfán es un montaje urdido por el doctor Uribe Vélez. 

Denotando su absoluto desconocimiento del derecho penal y procesal, se agarraron de ese argumento evidentemente falaz para solicitar ser reconocidos como víctimas en la investigación que empezará a adelantar la fiscalía general en contra del presidente Uribe, por el supuesto soborno de testigos. 

Cuesta entender que en la fallida diligencia, donde la juez de garantías no quiso resolver el asunto por el que fue solicitada la audiencia, Montealegre y Perdomo, cual ‘lagartos’, hayan podido estar presentes y, además, intervenir. 

Claro que, en virtud de esa intromisión, el país pudo verlos por primera vez en un juzgado donde ellos mismos se encargaron de hacer axiomática su condición de rábulas y marrulleros. 

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 17 de 2020