El profesor Iván Cancino tiene razón: algunas de las actuaciones de la JEP y la Corte Suprema despiertan dudas en millones de compatriotas. Es tiempo de compartir un sentimiento que reposa en el corazón de tantos colombianos que, como quien escribe estas líneas, sienten temor frente a la actual realidad de estas instituciones.

Es pertinente estar de acuerdo con un principio elemental: ante la Justicia el ciudadano de bien inclina su cabeza y acepta sus mandatos. No obstante, en Colombia ese respeto, que entraña un comportamiento cívico decoroso, está en entredicho: de acuerdo con lo que muestran los hechos, existe un doble rasero por parte de quienes tienen la responsabilidad de impartir tan elevado valor en el seno de la sociedad.

Son numerosos los casos que nos permiten afirmar que cualquier ciudadano -apellídese Martínez, Pérez, González o Uribe-, está expuesto a recibir un trato diferente si no hace parte de esa “nueva clase”, encumbrada en lo más alto del imaginario colectivo, compuesta por sátrapas corruptos, traquetos millonarios, narco-guerrilleros (algunos reincidentes terroristas) y, por supuesto, sus bellas acompañantes: chicas voluptuosas y coquetas, muchas de ellas retocadas en el quirófano por manos expertas; auténticas maestras en el arte del “man-tra yo-ga” (léase: mientras el man trabaja, yo gasto).

Antaño, en esta tierra de pocos y de nadie, según la opinión de asiduos visitantes a tiendas y chicherías, existían dos tipos de justicia: una para los de ruana, es decir, los hijos de las clases menos favorecidas; y otra para los oligarcas, como solía llamar “nuestro padre Forfeliécer” a los señores del poder, o sea, los magnates, dueños de los medios de producción y de la prensa. En dos palabras: la clase dominante, conforme lo propone la retórica marxista. (Rindo homenaje a Lucas Caballero Calderón, insigne periodista colombiano, maestro de la invectiva inteligente y la fina sátira política).

Eran épocas donde primaba la categoría académica de los jueces y magistrados, muy por encima de sus ideologías o apetitos políticos. En la inmensa mayoría de los escenarios judiciales, se buscaba lo mejor de las fuentes del Derecho para resolver los casos que llegaban a los despachos de jueces dignos y de integrantes de las altas cortes. No había carteles de la toga, sino señores abogados: eruditos tratadistas, togados con todas las de la Ley.

No como ahora, por supuesto, días en los que vemos una rama judicial ideologizada, entregada y empeñada en la causa del “encarnizamiento jurídico” contra individuos que se han sabido defender de injurias, falacias y calumnias, amplificadas por la prensa, fabricadas por esbirros de siniestros intereses, cuyo único objetivo es enterrar la Libertad en nombre de la libertad, y acribillar los Derechos Humanos en nombre de los derechos humanos.

En tiempos no tan lejanos, había una sola Corte, una sola Justicia. No teníamos la necesidad de inventarnos Jurisdicciones Especiales de Paz -cuyo costo ha superado lo estimado inicialmente y ha terminado azotando el presupuesto de la Nación-, ni se permitían “laxitudes” de los encargados de hacer cumplir la Ley pudiesen cometer.

Las autoridades judiciales eran las primeras en dar ejemplo. No había mimos para nadie, ni consideraciones con ningún delincuente; vale decir, no existía una posición condescendiente con quienes habían ganado con creces su derecho a la cárcel de por vida.

Con todo respeto: Señores de la JEP: ¿Por qué no han exigido que aparezca y se presente ante las autoridades alias “Iván Márquez”? ¿Todavía no han resuelto la situación de alias “Jesús Santrich”, solicitado por la Justicia estadounidense para responder por delitos de narcotráfico? ¿Los comandantes de las Farc tienen corona y merecen un trato VIP, mientras el resto de colombianos debemos soportar todo el peso de la Ley?

Señores de la Corte Suprema: ¿No les da pena estar sentados en los sillones que sirvieron de asiento a sus profesores asesinados en la toma del Palacio de Justicia en Noviembre de 1985, por parte del M-19? Si quieren podemos organizar un asado para celebrar la renuncia de los implicados en el “error” de las interceptaciones telefónicas. Servimos un menú apropiado: “chuzos mixtos” y camarones a la diabla…

#JusticiaConErroresNoEsJusticia #IvánCancinoTieneRazón

@tamayocollins

Publicado: septiembre 19 de 2018