Que fácil es criticar la conducta de los empresarios frente a la crisis desde la comodidad de un celular. Que si donó mucho, que si donó poco o que no donó. Que el aporte es ínfimo en relación a su patrimonio o que puso en riesgo su producción para entregarle ayuda al País…

En esta dificultad tan grande por la que estamos atravesando lo último que deberíamos hacer es inmiscuirnos en críticas mezquinas. Es momento de ayudar, de ser solidarios, sin importar si somos de izquierda o de derecha. Las crisis no distinguen entre clases sociales, estudios académicos o afiliaciones partidistas. Nos afectan a todos por igual.

¿Qué se gana con atacar y desprestigiar las contribuciones que hace el sector privado para solucionar la crisis? Claro, seguramente un titular en algún medio, una entrevista en prime time o un tweet con muchas interacciones. Nada distinto a satisfacer ambiciones individuales.

Sin embargo, sabemos que eso no es lo que necesita el País en este momento. Todas las donaciones que quieran y puedan hacer los empresarios son más que bienvenidas. Ya sea para producir gel antibacterial, tapabocas, comprar insumos médicos, flexibilizar las tasas de interés o los plazos de cobro de los créditos.

No es momento de enfrascarnos en discusiones inocuas acerca del comportamiento corporativo del Grupo Empresarial Antioqueño, del Grupo Aval o de la Organización Ardila Lulle. Cada empresa es un mundo aparte y vive una situación que solo se conoce en detalle a su interior.

En efecto, desde el exterior es imposible saber si las compañías tienen flujo de caja o si los acreedores las tienen contra la pared y de eso, de este tipo de circunstancias, también depende si tienen o no la capacidad de aportar un granito de arena para solucionar la crisis.

Todos quisiéramos que el dinero naciera debajo de un árbol para tener los recursos suficientes que permitieran sostener el sistema de salud, financiar los programas sociales y generar más empleo. No obstante, sabemos que eso no es así.

No todas las compañías tienen el mismo músculo financiero, no todas podrán seguir pagando las nóminas de sus empleados sin alteraciones y no todas van a superar esta crisis. Desafortunadamente, algunos empleos se perderán y tocará levantar la economía del País son sudor y lágrimas.

Por eso, en medio de este difícil panorama, no aporta en lo más mínimo criticar las contribuciones que haga el sector privado para superar la crisis. Los que tienen la capacidad de donar, que lo hagan. El País los necesita. Los que no, que soporten al máximo los efectos de la cuarentena, el Gobierno y la institucionalidad los acompaña para mitigar lo más que podamos las consecuencias negativas.

Ahora más que nunca debemos ser conscientes que la unión y no la división es la que nos permitirá superar esta adversidad, de la misma manera que en el pasado, con la profunda resiliencia que caracteriza nuestra patria, hemos superado innumerables retos.

@Tatacabello

Publicado: abril 3 de 2020