Dice la frase popular que el que siembra vientos, cosechará tormentas. Y aparentemente eso es lo que le está sucediendo al nouveau riche Gustavo Bolívar quien se ha quejado por la crisis económica que padece el hotel que construyó en su natal Girardot.

Según Bolívar, el establecimiento, que es un monumento a la cursilería, el mal gusto y a la falta de estética, está arruinado.

Obviamente, busca una excusa exótica tratando de culpar al dueño de una cuenta de Twitter que según él -Bolívar- generó una campaña de pánico, razón por la que nadie quiere ir a su balneario.

La realidad del sector del turístico es demasiado grave. Basta con revisar las bajas tasas de ocupación para descubrir que los hoteles de Colombia están al borde del colapso. A la tragedia de la pandemia, que obligó a que los hoteles cerraran durante casi un año sus puertas, se sumó el brutal paro criminal que Gustavo Bolívar se ha encargado de alentar.

La violencia que se vive en el país tiene como protagonista a la banda criminal denominada ‘Primera Línea’, estructura ilegal y terrorista que es financiada por Gustavo Bolívar.

La reactivación económica no ha podido darse, en buena medida por la inestabilidad causada por el socialcomunismo, corriente en la que Bolívar hace las veces de promotor de la violencia.

Entonces, el hotel del congresista no es el único que está pasando por el peor de los momentos. El alega que invirtió los ahorros de su vida en ese cuchitril. Tampoco es el único. Miles de empresarios que creyeron en el futuro del país se han endeudado hasta la coronilla para construir hoteles -esos sí con apego a las más elementales normas de la estética- a los que hoy nadie puede ir, con las consecuencias que aquello acarrea.

Cuando la economía de los hogares empieza a hacer agua, lo primero en suspender son los lujos y los placeres, para efectos de no poner en riesgo la subsistencia. Antes de salir a pasear o a disfrutar de unas merecidas vacaciones, las gentes buscan asegurar el pago de sus necesidades básicas.

En momentos de crisis, el descanso se convierte en un lujo que no muchos pueden proporcionarse.

Así que está muy bien que el brutal Gustavo Bolívar padezca en carne propia lo que están sufriendo otros empresarios del turismo, y que esa situación lo obligue a replantear su demencial estrategia de continuar incendiando y paralizando al país. A lo mejor su ambición personal y su anhelo de evitar que su espantoso hotel se vaya a pique, lo obliguen a suspender su sucia estrategia de liquidar a la economía nacional, creyendo que ese es el camino expedito para que el socialcomunismo pueda ganar las elecciones presidenciales de 2022.  

@IrreverentesCol

Publicado: junio 12 de 2021