¿Quién compraría una lata de atún a 19mil pesos, un 232% más caro que el precio normal de mercado? Absolutamente nadie. Sin embargo, en nuestra desafortunada realidad macondiana ciertos mandatarios territoriales están aprovechando la inyección de recursos que buscan mitigar los efectos del Covid-19 para hacer fiestas.

Como tal, los sobrecostos en la contratación estatal son una de las principales problemáticas estructurales que existen en el País y aunque uno esperaría que, por lo menos, en tiempos de crisis esa conducta cesara, es más que indignante el hallazgo de la Contraloría General de la República.

En efecto, tras analizar 37mil contratos el ente de control encontró que en varias entidades territoriales se está despilfarrando el dinero que debería estar destinado a auxiliar a los sectores más afectados por la crisis económica y social que generó la pandemia en el País.

¡Esto es sencillamente inaudito!

No puede ser posible que mientras el País está haciendo un esfuerzo maratónico para mitigar el impacto de la crisis, haya otros que prefieran sacar provecho personal de esta coyuntura. No hay derecho a tal nivel de miserableza.

Por ejemplo, el Gobierno Nacional realizó créditos con el Fondo de Ahorro y Estabilización y el Fonpet por $14.8 billones para tener un nivel de liquidez que permita inyectarle $6 billones al sistema de salud y financiar el giro adicional a Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor y la creación del Ingreso Solidario.

Además, no se descarta solicitar un crédito al Fondo Monetario Internacional por $11.000 millones de dólares y aumentar el endeudamiento, así eso implique incumplir la meta de la regla fiscal para este año.

Por su parte, el sector privado está haciendo hasta lo imposible para mantener viva la economía, no solamente por las donaciones multimillonarias que han hecho, entre otros, la Fundación Santodomingo o la Organización Sarmiento Ángulo, sino por el sacrificio que están haciendo todas las pequeñas y medianas empresas para sopesar la baja en ventas y mantener en la medida de lo posible los empleos que crean.

Por eso, es absolutamente despreciable que mientras toda Colombia hace hasta lo imposible para superar esta crisis, haya politiqueros en ciertas zonas del País que sin consideración alguna ven en esta situación la oportunidad perfecta para apropiarse de los recursos.

La Contraloría tiene que ser absolutamente implacable y controlar hasta el último centavo que se ejecute en el País. Los ordenadores del gasto que piensan que se van a hacer ricos con esta crisis deben bajarse de esa nube y entender que ni el ente de control ni los colombianos permitirán que los recursos destinados para atender la crisis terminen en los bolsillos de los inescrupulosos.

@Tatacabello

Publicado: abril 10 de 2020