Uno de los episodios más oscuros y truculentos en relación con el montaje judicial que se ha erigido contra el presidente Uribe, es el asesinato de los falsos testigos que rectificaron y reconocieron haber mentido en contra del exmandatario colombiano. 

En efecto, dos personas que aceptaron haber rendido falso testimonio en contra del presidente Uribe, luego de su retractación fueron asesinados en extrañas circunstancias. 

Uno de ellos, Francisco Enrique Villalba quien estuvo procesado por la masacre del Aro y condenado a más de 33 años, en una primera versión aseguró que el presidente Uribe y su hermano Santiago habían participado en aquellos hechos. 

A mediados de 2008 emitió una comunicación pública pidiendo perdón y reconociendo que había mentido. 

Su retractación, que fue publicada por el periódico El Tiempo el 22 de julio de 2008 no dejaba espacio para las dudas: “A mi país y a todas las personas a las cuales les hice daño quiero decir la verdad, no con el ánimo de acusar a nadie pero sí con la necesidad de aclarar las cosas para que todo el país las conozca y haya paz y tranquilidad en mi corazón…”.

9 meses después de su retractación, Villalba fue asesinado, pocos días después de que un juez de ejecución de penas le diera el beneficio de casa por cárcel. Sicarios fuertemente armados con pistolas dotadas con silenciadores, acabaron con su vida. 

La vida de Carlos Enrique Areiza, otro falso testigo, tuvo un epílogo similar. Según su propio testimonio, plasmado en una carta redactada de su puño y letra, en enero de 2012 el hoy senador de las Farc Iván Cepeda –‘Don Iván’- lo visitó en su sitio de reclusión con el propósito de presionarlo para que declarara en contra del presidente Uribe. En la nota manuscrita, Areiza confesó que Cepeda “me dijo que yo debía de enredar a Mario Uribe Escobar como fuera ya que él [Cepeda] tenía conocimiento de unos enredos de él con bandas delincuenciales de Medellín… También me dijo que él [Cepeda] estaba internacionalmente muy bien respaldado y que si yo le colaboraba incondicionalmente él podía brindarme protección y ayuda económica… Me dio sus teléfonos personales, y prometió visitarme [en la cárcel] pronto como efectivamente sucedió…”.

En el escalofriante testimonio de Areiza, se lee que ‘Don Iván’ “comisionó a una persona de su confianza y al señor Carlos Contreras para que presionar (sic) hasta que yo declare y he venido recibiendo más presiones por parte del señor Iván Cepeda para que ratifique declaraciones de ‘Pipintá’ [Pablo Hernán Sierra, otro falso testigo contra Uribe] y me ofrecieron 100 millones de pesos si yo le colaboraba o si no me iban a hacer la vida imposible en la cárcel y mi familia iba a sufrir las consecuencias si yo no enredaba al expresidente Uribe, su hermano, al señor José Obdulio Gaviria, al exgobernador de Antioquia y a otros…”.

La autenticidad de la carta de Areiza está debidamente retificada por un estudio forense, además de que la misma tiene las huellas digitales de ese individuo. 

Meses después de haber entregado esa confesión, Areiza salió de prisión y a los pocos días fue asesinado en el municipio de Bello, Antioquia.

¿Quién ordenó su muerte? ¿Quién resultaba perjudicado con las delaciones hechas por Villalba y Areiza?

No deja de ser espeluznante que todos los falsos testigos contra el presidente Uribe y su hermano Santiago, revelen el modus operandi de ‘Don Iván’: prebendas carcelarias, dinero y beneficios en el extranjero para sus familiares. 

La justicia, que no ha avanzado en las investigaciones por los asesinatos de Areiza y de Villalba, en aras de esclarecer la verdad, debería darle prioridad a esos casos para que Colombia conozca realmente quién fue el determinador de las muertes de esos testigos cuya confesión dejó en evidencia las presiones que recibieron para que mintieran contra el presidente Uribe Vélez. 

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 1 de 2020