¿Qué hacen los expresidentes?

Increíble que el expresidente Álvaro Uribe Vélez quien podría estar haciendo uso de buen retiro, en su paradisíaca finca, rodeado de sus bellos nietos, montando sus fabulosos caballos, está todavía dando la brega, pensando en el bien de los colombianos en los temas de salud, educación y crecimiento económico. No conozco a nadie con tanto amor a su patria. 

No descansa, después de ser presidente ocho años, decidió seguir dando la batalla a favor de los colombianos en el Congreso de la República. Es, tal vez el senador número uno, a quien le acompaña con gran liderazgo una bancada juiciosa de buenos congresistas. Trabaja diez y ocho horas al día, se mueve más rápido que la luz, no presenta síntomas de agotamiento, todavía mantiene la voz fuerte para debatir las políticas que le convienen a Colombia. Y aguanta con estoicismo todos los ataques de la desacreditada izquierda nacional por atreverse a ser el muro de contención del Socialismo del Siglo XXI.

Mientras tanto el expresidente Cesar Gaviria Trujillo solo vive pendiente de sus apetitos burocráticos, cuyo objeto final es convertir a su hijo, el bueno de Simón en presidente de Colombia. O el mal llamado expresidente Ernesto Samper Pizano, que haciendo uso de la libertad de expresión, con su pésimo prestigio a cuesta, se mantiene en lado oscuro de la historia política del país, expresando con enorme desacierto sus conceptos políticos, los que nadie se digna a escuchar. Mientras los cartageneros, lo vemos a veces, orondo, caminando como si nada por nuestras calles, lo declaramos persona no grata.

O el expresidente Andrés Pastrana Arango, quien también se mantiene vigente desde el ostracismo natural que padece un ex, no con el brillo y la perspicacia de antes. Expresidente a quien la patria le debe mucho.

O el expresidente Juan Manuel Santos, tal vez el gobernante que más le ha hecho daño a la nación en sus ocho años de gobierno. Si Juan Manuel Santos se hubiera quedado unos meses más hubiese acabado con la institucionalidad de la República. A Santos la historia lo juzgará por intentar entregarle el país a un grupo de bandoleros que se ufanan de ser marxistas, con tal de ganarse un premio Nobel de Paz. 

Santos legaliza lo ilegal y hace posible lo imposible, convertir el narcotráfico en un delito político. Pervierte la independencia de los tres poderes públicos, dejándonos una estela de corrupción como nunca antes se había vivido. Y por dejarnos la nueva guerra, la del narcotráfico, al incentivar esa perversa industria ilegal.

Santos se la pasa pavoneándose de estar en afamadas juntas directivas y ser miembro de clubes selectos, pero sobre todo instigando en la sombra lo que mejor sabe hacer: desprestigiar a quien equivocadamente fue su promotor, el expresidente Álvaro Uribe Velez.

@GabrielTorices

Publicado: julio 23 de 2020