A los senadores Petro, Cepeda, Bolívar y otros de igual calaña los asedian, como dice por ahí un tangazo, los demonios del rencor, no sólo en la soledad y los desvelos de la noche, sino a plena luz del día. Y ese rencor se concentra sobre todo en la persona y las ejecutorias de Álvaro Uribe Vélez.

¿Por qué destilan tanto odio en contra suya?

El motivo parece ser muy simple: Uribe impidió hace ya 19 años que las Farc se tomaran el poder por la fuerza de las armas, arrinconó a sus huestes, demostró que no eran invencibles y que el país podría transitar por senderos de crecimiento económico y desarrollo social a pesar de sus asaltos en contra de la institucionalidad demoliberal que nos ha regido a lo largo de años. Es el dique que nos ha protegido de los embates del castro-chavismo.

Para dar pábulo a su tremenda enemiga han acudido los más proditorios expedientes de la mentira y la calumnia, con la anuencia de una prensa que Uribe durante su gobierno se negó a “enmermelar” y la sospechosa animosidad de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en la que anidó el hediondo “Cartel de la Toga” y se difunde un pestilente tufillo de venganza cuando de Uribe y sus colaboradores se trata. ¿La cercanía del oscuro senador Cepeda con esa Sala y la impunidad de que se benefician sus tejemanejes les dará la razón a las denuncias del  coronel Mejía Gutiérrez acerca de la infiltración de un suprapartido comunista en las altas esferas del Estado?

No me detendré en el asunto de los falsos positivos, sobre el cuál el expresidente Uribe ha ofrecido explicaciones más que satisfactorias que desvirtúan las ladinas declaraciones de su colega Santos ante la JEP. Aceptemos en gracia de discusión que los hubo, pero no bajo el amparo de la tolerancia del alto gobierno ni por su impulso, como, quizás tampoco, en la cantidad que se ha dicho. Cuando haya sentencia judicial creíble sobre el particular probablemente tendremos claridad al respecto.

Lo cierto es que en virtud de la manipulación mediática la imagen egregia de Uribe se ha visto negativamente afectada ante una nueva generación que no había nacido o carecía del uso de razón cuando él salió al rescate de esta patria que venía siendo agredida por lo que he llamado una perversa secta totalitaria y liberticida. 

Protagonista de primera fila en esa empresa de demolición ha sido Fecode, una organización expresamente adherida a los comunistas y que controla el adoctrinamiento infantil y juvenil en la educación pública. Varias generaciones de nuestros compatriotas han sufrido la nociva influencia ideológica de los comunistas que controlan a Fecode. Lo que hemos presenciado en estos días caóticos acredita con elocuencia la preocupación que sentimos en torno de tendencias disolventes que se han exhibido en las manifestaciones juveniles.  Ejemplo de ello son los vejámenes que pandillas estimuladas por el senador Bolívar les han propinado a los cuerpos policiales.

En el país no sólo viene haciendo carrera la idea de que a la autoridad legítimamente constituída no le compete el monopolio de la fuerza coercitiva, sino que, además, no le es lícito defenderse cuando se la ultraja y ataca. ¡En cambio, a los vándalos sí hay que protegerlos incluso cuando se ensañan contra los bienes públicos y agreden los derechos de la ciudadanía!

No hay que olvidar que los comunistas se nutren de una ideología que predica el odio y,  según sus frutos, es francamente criminal. Más de cien millones de víctimas a lo largo del siglo XX así lo evidencian. 

A los que alguna duda abriguen al respecto, les sugiero que lean “El Libro Negro del Comunismo“.

Y si alguna duda les resta, nútranse de “El Libro Negro de la Nueva Izquierda“, de Márquez y Laje.

Decía Don Miguel Antonio Caro que de los liberales lo alejaban sus ideas, y de los conservadores, las personas. Petro, Cepeda y Cía. reúnen los dos motivos de reparo. Sus ideas son malas. Sus personas, peores. Son, como lo tiene establecida la psicología política, dirigentes tóxicos que envenenan el escenario colectivo y le hacen enorme daño a la democracia. 

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: junio 22 de 2021