En su afán enfermizo por enterrar al presidente Uribe, los sectores mediáticos que se han prestado para estimular el montaje urdido por el senador de las Farc Iván Cepeda, conocido en el mundo penitenciario y carcelario con el alias de ‘Don Iván’, se han convertido en los jefes de prensa, protocolo e imagen de peligrosos delincuentes, como el falso testigo Juan Guillermo Monsalve y su amante, la lavadora de dinero y prófuga Deyanira Gómez, escondida en ‘las montañas’ de Canadá.

Los incriminadores de Uribe son unos bandidos de la más baja categoría. Profesionales del delito. De Monsalve, no hay mucho más que decir. El país conoce en detalle el prontuario de ese forajido, catalogado por propios y extraños como un criminal nato que en más de una ocasión ha rendido falsos testimonios ante la justicia.

Por su parte, ha trascendido que la fugitiva Deyanira Gómez en realidad era una subordinada de nadie menos que el polémico y controvertido exmagistrado José Luis Barceló, el arquitecto del falso proceso penal que desde la corte suprema se puso en marcha contra el expresidente Uribe Vélez.

Personajes como Daniel Alfonso Coronel Castañeda, enemigo declarado del presidente Uribe, se dieron a la tarea de envenenar y contaminar a la opinión pública a través de publicaciones amañadas y tramposamente sacadas de contexto con el fin de prefabricar la tesis de que efectivamente el doctor Uribe Vélez había violado la ley.

Pero gracias a la publicación completa del expediente, la farsa quedó evidenciada.

Al verse denudado, echó mano de una tesis peregrina: que la supuesta “sobreinformación” es una forma de desinformar. ¿Desde cuándo conocer la totalidad de un proceso judicial es desinformación? En los Estados Unidos, actualmente se adelanta el juicio contra Dereck Chauvin, el policía señalado de haber provocado el fallecimiento de George Floyd.

Las audiencias en la corte son transmitidas en directo, sin ediciones ni cortes. Por tratarse de un asunto de interés nacional, el juez del caso ha permitido que los medios hagan plena cobertura. Algo parecido sucedió en el juicio contra O J Simpson, cuando fue procesado por el asesinato de su esposa.

Ni el más atrevido de los opinadores norteamericanos se atrevería a decir que esa cobertura completa constituye una “desinformación”.

Dado que se les acabó el jueguito macabro a los manipuladores del caso Uribe, no tienen alternativa distinta que la de inventar que quienes de manera profesional y sensata -como los periodistas de ‘Semana’, liderados por la directora de esa revista, Vicky Dávila- han publicado todo el expediente para que los ciudadanos tengan oportunidad de conocer la totalidad de los hechos materia de investigación y sacar sus propias conclusiones, están “engañando” a la opinión. Al decir popular, eso es un absurdo y hasta infantil pataleo de ahogado.

Que nadie se llame a engaños. Esas gentes, ruines y despreciables a más no poder, no aflojarán. Antes apercollaban a sus víctimas desde las páginas de ‘Semana’; hoy lo hacen desde un blog al que pocas personas leen y cuya única existencia se limita a tendencias artificiales en Twitter -construidas desde bodegas administradas por un mercenario virtual llamado Juan Abel Gutiérrez- y mañana, si así lo indicara el destino, lo harán a los alaridos como los loquitos que se paran en las esquinas de las calles. No se trata de profesionales del periodismo, sino de seres acomplejados y resentidos.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 5 de 2021