Pensaba para el escrito de esta semana referirme a diferentes temas relevantes de la actualidad nacional, pero sin duda alguna el hecho ocurrido a inicios de esta hebdómada con la captura del señor Sántrich, ha llevado a todo el país a preguntarse si la Farc está o no cumpliendo el acuerdo.

Vale mencionar, que tal detención fue motivada por una investigación realizada por organismos de seguridad y de inteligencia norteamericanos, los cuales con toda la precisión dejaron ver al mundo cómo se negociaba un cargamento de 10 toneladas de coca, sí, 10 toneladas, las cuales inundarían las calles estadounidenses y acabarían con la vida de muchos jóvenes. Luego de tales seguimientos, se expidió la orden de captura internacional. Se tenía información de que Sántrich podría estar enterado de una posible operación en su contra y por ello intentaría huir del país y refugiarse en Cuba.

En medio de un operativo realizado por el CTI de la Fiscalía se capturó a Santrich en su residencia. Ahora, es cuestión de tiempo para que el debido proceso se surta y así conocer qué determinación toma la justicia de Farc, la justicia ordinaria y el gobierno colombiano, y si proceden a su extradición o no.

Lo que llama la atención de todo ese entramado es ver y escuchar a ciertas “personalidades” de la vida nacional, defender lo indefendible. El Senador Cepeda, cuya esposa es asesora de la justicia fariana, vale acotar, salió ante los medios nacionales a afirmar que todo era un vil montaje, que su par ideológico era inocente, y lo que se busca es afectar el proceso de paz. Por otro lado, Aida Avella, simpatizante también, afirmó que le resultaba “extraño que un hombre ciego tenga 10 toneladas de coca para exportar”. Es decir, Santrich no era ciego para ser guerrillero pero sí es ciego para ser narcotraficante, un tanto ingenua y ridícula la defensa por parte de la señora Avella. Y claro, no podían faltar las palabras del acomodado de marras, Roy Barreras, quien de manera desvergonzada manifestó que debía primar el hecho histórico de que la Farc había dejado las armas y no un hecho particular como el de Santrich, y pidió al presidente Santos no extraditarlo. Al parecer los ciegos son otros, que ante la evidencia prefieren la necedad y la victimización.

Resulta penosa, cínica y hasta ridícula tal actitud. Es como si se tratara de defender las violaciones de Garavito, o los carros bomba de Pablo Escobar. Delito es delito, cometa quien lo cometa, y por tal debe existir castigo, debe imperar la ley y no el apaciguasionismo de la institucionalidad ante el crimen. Esa debería ser la premisa, y no aquella de que es válido delinquir para que “los pobres vivan mejor”. La Farc y sus aliados se hallan desesperados por buscar una coartada que sirva de salvavidas para defender a su camarada Santrich, coartada que no encontrarán, ya que los hechos son evidentes e irrefutables.

Que no nos vengan ahora a decir que Santrich no sabía lo que hacía, que pecó su ingenuidad y era tan solo el acompañante de un negocio que para él era “lícito”. Y que su ceguera no le permitió distinguir si era coca o sal lo que negociaba.

Para finalizar quedan varias dudas en el aire: ¿dónde estaban nuestros organismos de inteligencia, no sabían nada del actuar de Santrich, o si sabían recibieron órdenes de altos mandos para guardar silencio? ¿El dinero producto de ese negocio iba para los bolsillos de quién o quiénes? ¿El secretariado estaba enterado, recibirían su cuota? ¿Si no hubiese sido por la DEA jamás nos hubiésemos enterado de los ilícitos que continuaron cometiendo los máximos representantes de Farc?

@AndresSaavedra_

Publicado: abril 12 de 2018