Resulta increíble como la Alcaldía de Bogotá permitió que durante varias semanas un grupo de personas se tomarán la Plaza de Bolívar. Sin Dios ni ley.

Una cosa es la protesta pacífica como derecho que tienen todos los ciudadanos y otra muy diferente es invadir el espacio público de manera indefinida bajo el pretexto de la “paz”.  Por esa razón fue lamentable la demora de la Alcaldía para tomar acciones y enviar el mensaje a los bogotanos que el espacio público se respeta.

Cabría preguntarle a los manifestantes y a los que apoyaron la iniciativa del “campamento por la paz”: ¿Si los cambuches hubieran sido de los líderes del “No” también iban a reaccionar tan frenéticamente ante un eventual desalojo? ¿Estarían dispuestos a que un grupo de manifestantes se instalaran por más de 50 días al frente de sus hogares?  El discurso de los amigos de la “paz” en muchas ocasiones está fundando en un radicalismo tal que ni ellos mismos reconocen.

Otro punto que fue poderosamente llamativo de los sucesos acaecidos con el famoso “campamento de la paz” fueron las rivalidades entre los miembros del mismo. Resulta curioso como una de las manifestantes acusó a una de las fundadoras de ser la esposa de un Concejal de Bogotá y de tener otro tipo de intereses. Esto denota de alguna manera lo que se escondía detrás de esta movilización que sin lugar a dudas dejó un sabor agridulce entre los capitalinos.

Sería bueno preguntarse: ¿ Tan “espontáneas” fueron esas movilizaciones?

ENTRETANTO: 1. La propia Personería de Bogotá negó cualquier tipo de agresiones en el desalojo del denominado “campamento por la paz”. 2. Ya es hora que el Señor Hollman Morris – uno de los Concejales más mediocres de Bogotá de acuerdo con “Concejo como vamos” – deje el show en medios de comunicación y comience a hacer algo productivo por la ciudad. Resulta lamentable que los impuestos de los bogotanos se vayan en pagarle el sueldo a ese fanfarrón.

@josecuellob