Con lista cerrada o sin ella, ya se preparan al mejor estilo de las boticas, las nuevas fórmulas con las que varios de los culebreros de siempre, salen a ofrecer sus menjurjes  o mejunjes, prometiendo como en cada evento, que esta vez sí traen la pócima para la democracia. Los hay de todos los colores y pelambres. Rojos, verdes, azules y amarillos, incluso algunos manifiestan no importarles el color del empaque; lo que dicen que interesa, son los clientes y los boticarios, que son quienes finalmente determinan el contenido y el valor de la receta.

Por años, la mayoría de esos boticarios se dedicaron a pagar un precio por el que sus clientes se tomaran sus inocuos purgantes. Pero hoy, gracias a la virtualidad y a una serie de sucesos globales, hay una intención generalizada, en algunos boticarios conversos y en la mayoría de sus antiguos clientes, por acabar con los placebos y comenzar una nueva etapa, para tratar definitivamente la enfermedad o patología causante de todos los males: la corrupción electoral.

Aunque algunos no se han dado cuenta que en Colombia, las cosas de la política están cambiando, lo más interesante es que la ciudadanía comienza a cambiar mostrando un enorme rechazo por las prácticas de la malversación de recursos públicos y la compra-venta electoral, y eso es positivo. Pueda que el cambio no se logre en una, dos o tres elecciones; pero poco a poco la sociedad se ira reeducando para recuperar el buen sentido del vocablo política.

Las patologías de nuestra democracia necesitan la evolución de los actores que trabajan para la curación de todos sus males. Necesitamos salir y liberarnos de los boticarios y abordar las tiendas de los que proveen oportunidades de acceso a los bienes y servicios de prosperidad e interés general que son los que generan desarrollo, mercado y riqueza, no continuar con aquellos que bajo la práctica de la codicia y la avaricia, se apropian de los recursos del bien común. Esos andan desde ahora, repartiendo en sus tiendas de campaña, parte del botín con el que cargaron sus alforjas en los tiempos del servicio público; son fáciles de identificar y debemos señalarlos sin miedo con el dedo.

Es momento de comenzar a cambiar. Todos debemos cambiar en algo. Una nueva mentalidad que excluya los atajos y abandone anti-paradigmas como “aproveche su cuarto de hora” y “haga lo suyo”, por otros modelos verdaderamente positivos, respetando el bien común, el interés general y el orden vigente. Cambiar es uno de los remedios más eficaces.

@AlirioMoreno

Publicado: junio 6 de 2017