El Indictment contra el dictador Nicolás Maduro y sus 14 compinches, además de ser un golpe demoledor contra la cuadrilla de facinerosos que ha usurpado el poder en Venezuela es, en efecto, un duro revés para muchos activistas de la izquierda colombiana  y europea que mantienen estrechos lazos con esos delincuentes. 

En noviembre de 2018, en uno de sus programas de televisión, el ahora extraditable Diosdado Cabello señaló a Gustavo Petro de ser beneficiario de los dineros de la narcodictadura venezolana: “uno ahorita, dice que lo mejor para Colombia, es que hubiera ganado Duque. ¿Qué tal que hubiera ganado Petro? Ahora Petro, no quiere saber nada del chavismo; Chávez le hiede, Nicolás es fu… Por eso es que no ganan: los pueblos los condenan… Acá vino una vez ese señor Petro a pedir apoyo para su campaña y ahora, los chavistas le hieden”.

Como siempre sucede cuando se conoce un acto de corrupción o de enriquecimiento ilícito por parte de Petro, el cabecilla de la denominada Colombia Humana se escapa de la situación sin dar las respuestas correspondientes. Esa grave acusación de Cabello no ha tenido explicación ninguna. La actitud de Petro ha sido igual a la que adoptó frente al escándalo de las bolsas cargadas con fajos de dinero. 

En febrero de 2019, pocas semanas después de que Cabello le soltara la carga de profundidad, Petro reaccionó dócilmente sirviendo como validador de la dictadura. 

Con ocasión de las multitudinarias marchas de la oposición venezolana a comienzos del año pasado, en su cuenta de Twitter Petro fustigó a los medios de comunicación por hacerle eco a las mismas: “Cuando nuestros medios solo informan sobre las movilizaciones de un bando pero no las del otro, deforman la realidad con un solo propósito: legitimar en la mente colombiana la pertinencia de una invasión extranjera genocida. Lo que se impone racionalmente es el diálogo”. 

Hace pocas semanas, en el marco de una visita oficial a nuestro país, el presidente interino venezolano, Juan Guaidó, hizo graves señalamientos s contra Petro: “[El] se hace cómplice de los terroristas, se hace cómplice del hambre en Venezuela, esto no tiene nada que ver con ideologías. Querer encajonar lo que pasa en Venezuela entre una ideología u otra es hacerse cómplice, no existe tal neutralidad en momentos de tragedia, de emergencia”. 

Y para rematar su letal acusación, Guaidó aseguró que tiene “claros indicios de que Petro ha sido financiado a través de dineros de la corrupción venezolana”.

La investigación de los Estados Unidos contra el cartel liderado por Nicolás Maduro, lleva más de 20 años y es mucho lo que hay en ese expediente. Además de los protagonistas de primer nivel, están los aliados y socios políticos de esa estructura delincuencial y, sin duda alguna Gustavo Petro es uno de los que hacen parte de ese anillo macabro llamado chavismo.

A mediados de la década de los 90 del siglo pasado, luego de que el expresidente venezolano Rafael Caldera tomara la absurda determinación de indultar al golpista Hugo Chávez, Gustavo Petro sirvió de anfitrión en Bogotá del chafarote que desde la capital colombiana planificó la campaña que lo llevó a la presidencia de su país en febrero de 1999.

La justicia de los Estados Unidos ha podido demostrar que el chavismo es, ante todo, una estructura criminal dedicada al tráfico de estupefacientes. Y esa operación criminal, tal y como se lee en la acusación recientemente presentada, empezó a tejerse bajo el mando de Hugo Chávez, ese mismo al que en el día de su muerte, Petro calificó como “un gran líder latinoamericano”.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 30 de 2020