Reconfirmé mi voto por el “NO” el día que se firmó la supuesta paz.  El lunes 26 de septiembre muchos activistas y amantes de la causa, convencidos de que esa podía ser la última oportunidad de manifestarnos en contra de los acuerdos de La Habana, viajamos desde distintos lugares del país a Cartagena para asistir a cuanto evento del “NO” hubiera para hacernos sentir.

Estábamos en nuestro derecho, o por lo menos eso pensábamos, de circular dentro de la ciudad, lógicamente obviando los sitios sensibles para el circo organizado por Santos.

Llegamos al primer evento, que había sido organizado con la suficiente antelación. Aunque todos los permisos ante la alcaldía estaban en orden, en un acto de ordinariez pusieron un cerco alrededor de los baños públicos, nos parquearon una tanqueta del ESMAD cerca mientras un helicóptero sobrevolaba la zona. Entendimos que nos querían incomodar.  Escuchamos unas palabras del expresidente Uribe, del exprocurador Ordoñez y de algunos otros personajes que abanderan el NO y nos dispusimos a hacer una cadena humana. La idea era que las más de dos mil personas que nos encontrábamos ahí, a pesar de una temperatura infernal, nos agarráramos de las manos en un gesto de unidad. Para ese efecto comenzamos a caminar hasta que nos encontramos con que se había instalado un cerco policial para no permitirnos pasar.  No entendíamos lo que sucedía, y en un abrir y cerrar de ojos hizo su aparición el ESMAD. La mayoría de nosotros, que nunca hemos sido parte de ningún tipo de manifestación violenta que ameritara la intervención del ESMAD, quedamos estupefactos.  Nos acercamos a ellos, para preguntarles la razón del cercamiento y las respuestas fueron miradas al vacío de unos y de vergüenza de otros: daban la impresión de que seguían órdenes que no querían cumplir, pero ninguno respondió. El senador Alfredo Ramos, que estaba cerca de mí, insistió en el cuestionamiento hasta que finalmente una agente de policía nos mostró en su pantalla del celular un decreto de la alcaldía que supuestamente prohibía las manifestaciones públicas (por lo menos eso entendí en medio de tanta confusión).  A los pocos minutos se acercó el ex presidente Uribe que también preguntó que si le podían indicar por donde podíamos caminar. Como nadie le contestó, Uribe entonces dijo que teníamos que ser respetuosos con la fuerza pública y que íbamos a buscar un recorrido alternativo. Yo le repliqué que nos estaban bloqueando por todos lados porque habían prohibido todas las movilizaciones. Entonces, Uribe con mucho aplomo, respondió: “La culpa no es de ellos, eso es culpa de Santos que le está entregando el país a las Farc”.

Sí, muchas veces hemos dicho que Juan Manuel Santos le estaba entregando el país a las Farc, pero nunca lo sentí tan cierto como en ese momento y esa frase de Uribe retumbó en mi cabeza durante todo el día. Tomamos un camino alterno y al final nos encontramos con otro bloqueo del ESMAD. Sin que se tomara ninguna decisión oficial no seguimos avanzando, y con más espíritu de supervivencia que cualquier otra cosa, para escapar del calor, los que quedamos nos agrupamos debajo de la sombra de un enorme almendro cerca de un almacén de muebles. Allí el expresidente Uribe pronunció unas palabras y después nos dispersamos con la intención de descansar para encontrarnos de nuevo en el Parque Apolo al atardecer.

Después de almorzar en un centro comercial cercano, un grupo de amigos decidimos irnos al centro. En total éramos catorce personas que, felices por estar reunidos, caminamos bajo la lluvia contándonos las anécdotas del día y compartiendo nuestras preocupaciones. Cuando ingresamos al centro histórico decidimos ir a un apartamento de un conocido para descansar.  Nos encontrábamos caminando por una calle aledaña a la Torre del Reloj, cuando de manera sorpresiva un grupo de policías nos puso unas barricadas metálicas para bloquearnos el paso.  Le preguntamos a uno de los agentes que cual era el motivo para no dejarnos seguir mientras que las demás personas seguían caminando libremente. La respuesta fue: “Ustedes saben por qué”.

No, no sabemos por qué, ni en qué momento el hecho de tener puesta una camiseta o una gorra que diga “NO” se convirtió en un motivo para no poder circular libremente en Cartagena. Los catorce amigos decidimos en ese momento olvidarnos de nuestra intención de descansar y decidimos quedarnos ahí, ahora sí, protestando. Protestando hasta el punto de quedar afónicos. Si lo que pretendían era que no nos hiciéramos sentir, cometieron el grave error de violar nuestros derechos porque ahí sí quedó registrada nuestra pequeña, pero a la vez enorme protesta ante muchos de los medios de comunicaciones nacionales e internacionales.

El mismo día que Juan Manuel Santos firmaba unos acuerdos de paz con las Farc, le declaraba la guerra a la oposición por el solo hecho de pensar distinto. Esto es tan solo un preámbulo de lo que se viene, una realidad no muy distinta a la de Venezuela, porque las Farc, que tienen vocación de poder, y van a tener dinero, territorio, medios de comunicación, etc., representan esa forma de gobierno. Los que creen que votando por el “SÍ” este 2 de octubre votarán por la paz, se equivocan. La paz únicamente puede venir de la mano de la efectiva aplicación de la justicia para los transgresores, y del respeto de la libertad para las personas útiles a la sociedad. Hoy vivimos una realidad totalmente inversa. Los que nunca hemos empuñado un arma y hemos sido respetuosos de las instituciones y del estado de derecho estamos siendo oprimidos, mientras los criminales gozan de las libertades y garantías.

PD:  Jesús Santrich está buscando la forma de callar al Fiscal Néstor Humberto Martínez por atreverse a requerir que las Farc reporten su fortuna antes del plebiscito. Increíblemente esto sucede tres días antes del plebiscito. El dos de octubre, si el “SÍ” gana, amaneceremos al día siguiente en un país muy parecido al de ese 26 de septiembre en aquella calle aledaña a la Torre del Reloj.

 

@ANIABELLO_R