El Brexit, se da en uno de los momentos de mayor coyuntura económica en la Unión Europea y por supuesto sienta precedentes sobre la elección de pertenecer a un bloque económico o, por el contrario, florecer independiente, sorteando las fronteras comerciales que ello implica para una nación.

En la historia económica de los países, se ha dado un inmenso debate sobre la importancia de pertenecer a un grupo económico que permita la expansión del mercado en condiciones de igualdad, con el fin de encontrar equilibrio en el modelo de producción interna respecto de sus competidores. No es tarea fácil desarrollar un modelo de intercambio comercial en cuyo eje se muevan de forma radical los intereses políticos de las naciones miembros.

Así las cosas, expandir las relaciones internacionales en comercio, servicios, seguridad, entro otros, es la forma natural de hacer integración económica, bajo el supuesto de mayores posibilidades de ampliar la oferta y responder a la demanda, no obstante, de unos beneficios del lado de la inversión que permitan la especialización y el aprovechamiento de ventajas comparativas entre los socios.

Con todo lo anterior, el Brexit, nos deja incertidumbre sobre el impacto macroeconómico en la UE y  Reino Unido, pues la relación comercial, permitía no solo el tránsito de mercancías, sino la movilidad de factores, la especialización del capital humano, la expansión de las transacciones financieras, el desarrollo de nuevas tecnologías, la aplicación de innovación y desarrollo en los ámbitos de servicios, manufactura e industria, la formación de precios, la diversificación de inversiones, entre otras bondades, pero al mismo tiempo, representaba la forma de “salvarse a cualquier precio” de las volatilidades del mercado, las crisis financieras, los shocks de oferta, los ciclos futuros, la inestabilidad fiscal, la escasa maniobrabilidad monetaria, los límites del tránsito de factores, las crisis migratorias, la participación relativa de las inversiones, el peso de la balanza comercial entre los socios, el crecimiento desproporcionado del financiamiento, son algunos de los motivos.

Los motivos del primer ministro Boris Johnson fueron fortalecidos por la promesa de “Recuperar Reino Unido” que desde 1973 cuando se unió como miembro de la comunidad económica europea (CEE) participaba de las decisiones del bloque sintiendo una profunda limitación por las regulaciones de la UE; en 1975 intentó un referéndum para dejarla. Desde entonces, el Reino Unido constituyó una economía abierta, con una alta concentración de sus inversiones en la UE, sin embargo, a Largo plazo, la coyuntura política sobre las regulaciones internacionales dio paso a un debate sobre si era o no necesario pertenecer al bloque.

David Cameron, Theresa May y Boris Jhonson, han representado el inicio y fin del Brexit, que este 31 de enero dejo el precedente de salida de Reino Unido de la UE, con el inicio ahora de una mayor turbulencia: Definir el mecanismo de negociación comercial futura con la UE en los términos dispuestos por esta. Ser “libres” como lo proclamaron los seguidores del Brexit, saldrá aún más costoso que haberse quedado en términos nominales, pero la valoración real que alcanzan los conservadores va más allá del precio por dejar la UE.

La incertidumbre del Brexit sobre los impactos económicos y sociales de la UE representa una nueva etapa a partir de la cual, muy probablemente se defina la nueva política comercial entre las naciones, lo que tendrá repercusiones futuras sobre las negociaciones con el resto del mundo, lo que pase después del Brexit también impacta al resto del mundo.

@CIROARAMIREZ

Publicado: febrero 13 de 2020