Sin duda, analizando las encuestas capitalinas debemos revisar el asunto clave de esta campaña: ¿qué es lo que está en juego en Bogotá?

Empecemos afirmando que, a pesar de la paliza mediática y de opinión que está recibiendo el Alcalde Peñalosa, es oportuno recordar que muchos de quienes hoy lo critican y atacan, se olvidan que la Bogotá que recibió la actual administración era una ciudad en estado calamitoso.

Cuando Peñalosa ganó la Alcaldía en 2015, recuerdo que se llevó a cabo una reunión en Paipa (Boyacá) a la que asistieron sus asesores más cercanos y quienes serían los integrantes del Gabinete que asumiría el gobierno distrital el 1 de enero de 2016.

Como viene siendo costumbre, de cara a la realidad pero de espaldas a la ciudadanía, Peñalosa y su equipo cometieron el error de no hacer un corte de cuentas. (Este año, exijamos ese bendito corte de cuentas. De lo contrario, seguiremos siendo desconocidos como ciudadanos).

En fin, ahora lo que está en juego no es el nombre de una persona, sino el futuro de la ciudad más importante de Colombia.

Revisando las cifras de gestión es evidente que en los 4 años de la administración Peñalosa se ha hecho mucho más que lo realizado entre el 1 de enero de 2004 y el 31 de diciembre de 2015, bajo las administraciones de Lucho Garzón, cuyo legado como administrador de la ciudad fue deficiente; Samuel Moreno, detenido por el escándalo del carrusel de la contratación; y Gustavo Petro, cuestionado y mal calificado por la pésima gestión que demostró como gobernante capitalino, dejando innumerables obras sin terminar o botadas a mitad de camino (¿qué se hizo esa plata?).

En fin, la culpa de las “desgracias” de Bogotá no se le puede achacar a Enrique Peñalosa. Eso es irracional. Evidentemente, ha cometido errores, cierto; pero si comparamos lo que tuvimos que padecer en las 3 alcaldías anteriores…

¡A ver, señores! Peñalosa no es mago y recibió una ciudad con una situación financiera precaria, debido a la corrupción heredada del crecimiento desmesurado de la nómina  en la Alcaldía del popular Lucho, el descalabro financiero creado por el famoso carrusel de la contratación de Samuel Moreno, así como la perversa degradación de valores y la lucha de clases instigada por la administración Petro, muy hábil en autorizar marchas improductivas y concentraciones de gente enardecida, cuyo único propósito siempre ha sido despertar sentimientos de odio. (¿Cuándo será que el pueblo entiende que es un idiota útil de la izquierda, ideología que nunca cumple lo que promete?).  

El problema no es seguir estimulando resentimiento, no. Ahora, lo importante es frenar las fuentes de corrupción en la ciudad, incluyendo “los colados” en Transmilenio (220.000 personas diarias), impulsar un gobierno abierto a la gente y darle continuidad a lo que se está llevando a cabo de forma positiva en las 20 localidades bogotanas.

Antes de votar, pensemos en la preparación de la persona que ocupará el cargo de  Alcalde Mayor de Bogotá y, muy especialmente en sus propuestas de gobierno. Además, revisemos los perfiles de las personas que lo acompañan en su campaña.

Hago un llamado a los bogotanos mayores de 30 años, ciudadanos que pagan impuestos y saben la manera como una administración estilo Lucho, Samuel Moreno o Petro acaba con sus impuestos o, en el mejor de los casos, abusivamente cobra montos impagables a los empresarios, persiguiendo de este modo la libertad de empresa y el emprendimiento, con la velada intención de imponer el socialismo como modelo socio-político-económico.

Con todo respeto: Si quieres ver a tus hijos en una Colombia posible, no elijas candidatos cuyas ideologías atenten contra los elementales de toda sociedad: Libertad, familia, economía y desarrollo humano.

“El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la prédica de la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”. Winston Churchill.

@tamayocollins

Publicado: septiembre 11 de 2019