Lo que se nos viene a los colombianos es aún más complejo de lo que se nos ha querido mostrar.

Desde muy pequeños, recibimos en nuestro hogares la formación en valores y responsabilidades que luego se convierten en los cimientos sobre los cuales desarrollamos nuestra vida y tomamos decisiones. Por más fuertes que hayan querido ser los ataques de lado y lado, no se puede desconocer que la paz la queremos todos. Tanto los que se acercan de una manera romántica como los que la analizan desde el pragmatismo. Todos estamos hastiados de la violencia organizada que durante décadas se ha vivido en Colombia.

Es sobre esa base que quiero llamar la atención de los colombianos respecto a la decisión que como país tomaremos este próximo domingo dos de octubre y ejerzamos un voto consciente. Valoremos que existen unas consecuencias con los resultados del plebiscito del próximo domingo. La decisión que tomemos implica pensar con cuidado en los resultados y lo que le espera al país y a los colombianos.

A partir del lunes tres de octubre se nos presentarán dos grandes retos. El primero es el de reconciliarnos. Después de las emociones de enemistad que han aflorado en este debate, el único camino serio y responsable, será construir puentes de trabajo en donde se puedan recoger las distintas opiniones, aún las de la oposición y generar consensos y procesos incluyentes de construcción, Colombia no resiste más polarización y mucho menos más factores de destrucción y de violencia. El segundo es el de construir los procesos, los paso a paso y en general, los cómos, para llevar a cabo los resultados. Yo estoy convencida que las Farc como organización, independientemente de los resultados,  no volverán a la guerra. Así que lo que vendrá es un segundo momento de los diálogos que se iniciaron en la habana, pero ahora desarrollados dentro de Colombia. De un lado de resultar el SÍ triunfador, se deberá ajustar el régimen legal para desarrollar lo acordado, lo cual además no es claro aún ni para los mismos negociadores de lado y lado. Y de resultar el NO ganador, con la posibilidad de engrandecer los acuerdos, precisamente para apalancarse en la decisión popular que comprometa al Gobierno y a los negociadores a escuchar y atender las inquietudes reales sobre puntos clave como la justicia y niveles extremos de impunidad, las víctimas, las responsabilidades, la institucionalidad, los costos, la financiación, el narcotráfico y otros.

No nos llamemos a engaños, lo que se nos viene a los colombianos es aún más difícil y complejo de lo que se nos ha querido mostrar. Las expectativas son enormes y falta demasiado por aclarar; ni siquiera hemos recibido una respuesta con unidad de criterio, sobre el llamado Día D, lo cual es a todas luces paradójico y ciertamente preocupante, pues los que negociaron no han podido explicar con exactitud y precisión el inicio del traslado a las zonas especiales. Se imaginan lo que serán las diferencias de interpretación de cada uno de los textos y aspectos incluidos en las 297 hojas de los acuerdos ?. El texto está lleno de contradicciones y zonas grises. Preparémonos porque lo mejor no es lo que se nos viene.

En todo caso, comprometámonos todos, como ciudadanos, a exigir que la guerrilla, que pretende incorporarse a la vida civil y política, para hacerlo, entregue a los niños reclutados que hoy mantiene, a los secuestrados, las rutas del narcotráfico y los recursos acumulados que poseen, para financiar a las víctimas, como lo ha expresado contundentemente el Fiscal General.

 

@ElvirahForero