“Bienvenidos hermanos venezolanos a la ciudad de la ética democrática”. Esa era la consigna estampada en una pancarta que colgaba de la fachada del edifico de la Alcaldía de Bucaramanga, al lado de la bandera oficial de Venezuela justo hace un año, cuando comenzaba el tránsito por la Ciudad Bonita rumbo al sur, de los migrantes del vecino país. Hoy la ciudadanía quiere reclamarle al anfitrión por el caos que están creando sus ilustres huéspedes, que yendo de paso fueron inducidos por él para quedarse.

Aún no se sabe cuál fue el genio creador de esa iniciativa. Lo que sí sabemos es que el inspirador de la filosofía de la “Ética, Lógica y Estética” Gabriel Hernández Suarez, para ese momento ya se había apartado de la gestión de su hermano Rodolfo, por considerar que la administración no seguía los lineamientos prácticos de esa ideología y sólo mantenía la retórica como instrumento publicitario para sostener la imagen que la difusión del aristotelismo otorgaba. Probablemente fue Manuel Francisco “Manolo” Azuero “Jefe de Gobernanza” del ingeniero Rodolfo Hernández,  el ingenioso creador de la idea de convocar a quedarse  a los migrantes venezolanos a la ciudad, tal vez con la idea que disfrutaran de su inventiva traída de un periplo oficial por Ecuador: El Urbanismo táctico, como parte de un convenio de cooperación, que sin incorporar el ingrediente de la cultura ciudadana, terminó nada más que en otra de las formas de disfrazar la corrupción. 

Podríamos desgastarnos en una exhaustiva investigación con el  fin de determinar el nombre del responsable del creador de tan improvisada invitación; sin embargo, sólo existe un jefe de la administración y como tal el ingeniero Rodolfo Hernández, tiene la obligación de enmendar el error de la Alcaldía de Bucaramanga al promover institucionalmente el establecimiento en la ciudad de migrantes venezolanos, sin haber siquiera considerado ni estructurado un plan para atenderlos, dado el déficit social que afrontaba el municipio en materia de vivienda y atención en salud, educación y alimentación a personas sin ingreso. Los huéspedes de Rodolfo se amontonan en las calles, en los semáforos del área metropolitana a la espera de una moneda para atenuar el hambre y pagar el costo de pasar la noche en improvisados albergues privados, cuando  no en parques, atrios  de iglesias y antejardines de la ciudad.  Quien los invito a quedarse no les da la cara y aunque la pancarta fue bajada de la fachada de la alcaldía, los nacionales venezolanos se atiborran en el parque contiguo, demandando atención institucional del alcalde.  

El alcalde de Bucaramanga actuó como aquel pésimo anfitrión de fiesta, que solo cumple con mandar a imprimir las tarjetas de invitación definiendo fecha, lugar y hora; pero no se preocupa por el mobiliario, la torta, el vino y el  trago, ni la comida para los invitados. La irresponsabilidad de tal anfitrión de fiesta que no tiene en cuenta quien va a controlar la entrada, y tampoco implementa un plan de seguridad para atender y controlar cualquier desorden o altercado que se presente, crea un evento de anarquía y caos. Una fiesta hecha así, termina mal doctor Rodolfo. Sus huéspedes Doctor Rodolfo, están afectando a todos los vecinos, están generando inseguridad, y el “estado de necesidad” que usted viene legitimando, establece unas causales de justificación, que determinan proclives comportamientos hacia la violencia y contra el derecho de propiedad. No continúe diciendo, que aquel que roba, roba por necesidad. Eso no es lógico, ni ético, ni estético. Y desde la filosofía aristotélica valdría la pena abrir el debate.

@AlirioMoreno

Publicado: agosto 29 de 2018