Nunca en la historia reciente del país habíamos visto tanta necesidad de recursos. Todos sabemos que se necesita una reforma tributaria estructural, que cambie radicalmente nuestro estatuto tributario, que lo vuelva más práctico y entendible. Desafortunadamente, lo radicado hoy en el Congreso es todo lo contrario. Es antitécnico, confiscatorio y, lo peor de todo, no soluciona el problema fiscal del país en el mediano plazo. Es otro paño de agua tibia.

El gran error del gobierno Duque fue no haber advertido a los colombianos la situación fiscal y de gasto tan grave en la que recibía el país. Durante los 8 años del gobierno Santos se aumentó la deuda pública alarmantemente. Los compromisos pactados a futuro, con vigencias futuras, son inmensos. La mermelada entregada a contratistas, medios de comunicación  y congresistas fue enorme. Sin este gasto el apoyo al nefasto acuerdo de paz hubiera sido diferente. Infortunadamente la mal llamada tecnocracia que trabajó en el gobierno Santos permaneció al mando del país con Duque y era difícil echarle la culpa de la situación del país a los que continuarían trabajando en él. En cambio, muchos de los que se mataron trabajando por el cambio y por su presidencia siguen sin entender el desprecio del presidente a trabajar con los que ayudaron a elegirlo.

Las discusiones alrededor de la reforma van a ser muchas y de todos los calibres. Se discutirá sobre todos y cada uno de los temas: el impuesto al patrimonio, el IVA, el impuesto de renta etc. Lo complicado es que es más grave el tema operativo y político que el económico. Para muchos es una balacera en un ascensor hacer esta reforma tributaria en un año pre electoral. Sin duda el costo político del gobierno y de los congresistas que lo apoyen será brutal. La izquierda debe estar de plácemes: nunca se le había ayudado tanto.

Estoy seguro que las calificadoras de riesgo no son sordas y entienden los riesgos, lo mismo lo son el FMI, el Banco Mundial y otras entidades que le pueden dar la mano al país con un fondeo temporal mientras pasa la tormenta y aguantar la reforma hasta el año entrante cuando hayan pasado las elecciones de Congreso y las presidenciales.

En materia política ser coherente y racional económicamente no da votos. Todo lo contrario. Al que actúe bien le irá mal en las elecciones. Mientras que el que desinforme o se invente verdades a medias la puede sacar del estadio y obtener votaciones impredecibles.

Otra de las razones para estar preocupados es la lentitud de la reactivación económica. Para ésta, la velocidad de la vacunación es muy importante, pero también lo es la confianza inversionista. De nada sirve cambiar las reglas del juego cada dos años. Los buenos capitales extranjeros terminarán en países con mejores condiciones tributarias.

Independientemente del futuro de la Reforma los colombianos estamos esperando una drástica reducción del gasto y tamaño del estado, porque no podemos hacer reformas tributarias cada dos años para tapar los huecos fiscales. 

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: abril 26 de 2021