Debo admitir que no fue de todo mi gusto la lectura de la historia de España que publicó hace poco Arturo Pérez Reverte. Escrita en un estilo chabacano que parece poco apropiado para un académico de la lengua, denota muchísimos sesgos ideológicos. Pero hay informaciones aprovechables para quienes somos profanos en tan importante asunto.

Por ejemplo, nos ilustra sobre el siglo XIX español, que fue una época de lamentabilísima decadencia para el otrora resplandeciente imperio de Carlos V y Felipe II, cuyas bases sentaron los Reyes Católicos. La descomposición condujo a instalar en el trono a un extranjero, Amadeo de Saboya, que hubo de abdicar al poco tiempo declarando que era un país ingobernable, debido a que sus peores enemigos estaban adentro mismo y no por fuera.

Esas páginas hacen pensar en la Colombia de hoy. La gobierna un presidente joven, inteligente, bien intencionado, respetuoso de la institucionalidad, ecuánime y aplicado. Pero le ha tocado en suerte un ambiente tan deletéreo que quizás no tenga parangón con ninguno de los que en el pasado han afligido al país.

Vengo afirmándolo desde los comienzos de este período presidencial: Duque, no obstante su buena voluntad y sus excelentes intenciones, adolece de severas dificultades para gobernarnos. Los más de diez millones de votos que obtuvo en franca lid para llegar a la Presidencia se han erosionado rápidamente debido a una oposición controlada desde el Congreso, la prensa y diversas organizaciones sociales por mentes perversas que pretenden derrocarlo o, al menos, doblegarlo para que desarrolle los programas políticos que fueron derrotados en las urnas en las últimas elecciones presidenciales.

Acabo de ver una aterradoras declaraciones del indigno e insolente senador Gustavo Petro, en las que manifiesta que “O sentamos a Duque a negociar, o vienen por nosotros y acaban el país”

Petro es a no dudarlo un energúmeno delirante que cada vez cobra mayor impulso para sacar adelante su proyecto totalitario y liberticida, copiado de los regímenes que imperan en Cuba y Venezuela. El problema radica en que no está solo. Era el candidato de Santos para la elección presidencial del año pasado. Y pretende aglutinar a los variopintos movimientos de izquierda que actúan en la escena política, con la complicidad activa o pasiva de otros movimientos, de ciertos sectores de la prensa y de organizaciones como Fecode, Asonal Judicial, la CUT y otros de inocultable filiación comunista.

So capa de la protesta pacífica que ampara la Constitución, los promotores de los paros de las últimas semanas han aupado las acciones de vándalos que pretenden reproducir entre nosotros la devastación que ha sufrido Chile por estas calendas. 

El presidente Duque ha sido prudente para manejar estas situaciones. Sabe, además, que está sometido a una Constitución y un NAF pensados para hacer ingobernable a Colombia en momentos de crisis. Pero su paciencia tiene límites. Ha de ser consciente de que si no hace acopio de toda su fortaleza el santopetrismo le va a propinar el zarpazo de que en buena hora lo ha advertido el expresidente Pastrana.

Lo que hay en curso es toda una conspiración no tan taimada como se piensa, pues cada vez es más descarada. Y a las conspiraciones hay que hacerles frente con todos los instrumentos que la institucionalidad ofrezca. 
La Constitución consagra el derecho de hacerles a las autoridades peticiones respetuosas, pero también impone entre otros el deber de no abusar del derecho propio y respetar el ajeno. El modo como han actuado Petro y sus conmilitones que firmaron la grosera carta en que le exigen diálogo al presidente Duque so pena de seguir alterando el orden público si no se pliega a cogobernar con ellos, es francamente subversivo. 

La respuesta que debe dárseles tiene que basarse en la reafirmación de la autoridad, como la que dio Alberto Lleras en 1945 a los huelguistas que pretendían paralizar la navegación por el río Magdalena: “En Colombia solo hay un gobierno legítimo y es el que yo presido”.
Lleras era paciente y reflexivo, como lo es Duque, pero tenía carácter y lo hacía valer. 

Señor presidente Duque, siga ese ejemplo para bien de Colombia.

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: diciembre 5 de 2019