En el escudo de Colombia están inscritas dos palabras que para muchos pasan desapercibidas: libertad y orden. Desde 1834 cuando se disolvió la Nueva Granada, el presidente Francisco de Paula Santander sancionó la ley número 3 que adoptó como símbolo patrio el actual escudo de la república.

Desde entonces, quedó clara la voluntad de nuestros antepasados de la necesidad de incorporar a la vida nacional la libertad y el orden. No plantearon que escogiéramos entre uno u otro concepto. Tampoco que le que diéramos mayor peso e importancia a uno de los dos términos. Por eso el lema del escudo reza: Libertad “y” Orden, lo cual les imprime a ambas expresiones igual ponderación axiológica.

Hoy, 200 años después de nuestra independencia, creo que los padres de la república lo hicieron bien. Sin libertad estaríamos condenados a la tiranía y al sometimiento del ciudadano por el Estado. No habría forma de tener libre circulación y expresión, libertad de mercado e iniciativa privada. Tampoco tendríamos garantizadas nuestras libertades individuales, entre otras. 

Sin orden no habría Estado de derecho, separación de poderes, con sus pesos y contra pesos, no tendríamos lo que para los ingleses y americanos es el “rule of law”, el imperio de la ley. Nuestro destino sin lugar a dudas sería la anarquía y el caos, que solo le convienen a quienes desde ahí buscan estimular una revolución y dejarnos nuevamente adormilados en las manos de nuevos tiranos.

Hoy, 200 años después, la pregunta no es cual de los dos conceptos es más importante. Está claro que los dos deben coexistir y convivir en igualdad de ponderación. La pregunta es, ¿cuál de las dos debe prevalecer? Como la pregunta aparentemente superflua del huevo o la gallina, ¿qué es primero? ¿la libertad o el orden? ¿orden y libertad? No se trata de que uno pese más que el otro, sino que uno de ellos puede garantizar la existencia y expansión del otro.

La discusión siendo honesto no es de hoy, viene desde hace muchos años y está expresado en los tratados de historia de ideas políticas y en diversas discusiones ideológicas. Para muchos el ejercicio de las libertades son la garantía de la soberanía del individuo frente al poder del Estado. Y desde esta soberanía individual es donde debe surgir el orden, al promoverse límites adecuados para el Estado.

Para otros, donde me incluyo, se debe primero generar un orden social estable para así poder garantizar las libertades. Las libertades de los individuos prosperan y se expanden en una sociedad de la cual él hace parte. El individuo, por más que quiera, no anda solo por la vida y nos guste o no, somos un ser social. Mis libertades llegan hasta donde inician las del otro. Se necesita un orden social justo, cobijado por buenas costumbres, la observancia generalizada de la ley y la existencia de un juez imparcial para poder garantizar las libertades. Las libertades son tal vez uno de los logros políticos más importantes de nuestra historia, pero debe tener límites para que no se abuse de ellas y nos lleven a la anarquía. Las libertades solo cobran sentido en un entorno social ordenado que las proteja. ¿O para que libertades en medio de la anarquía, un estado de naturaleza brutal en el que reine el caos y el desorden?

200 años después, siento que en nuestro país tenemos un grupo de políticos y jueces que nos han llevado a que primen las libertades sobre el orden. Hoy hace carrera que en el nombre de las libertades solo se piensa en otorgar derechos y más derechos. Solo damos garantía y no exigimos nada a cambio. No hay deberes ni obligaciones. Obsesionados con teorías abstractas y filosofías románticas carentes de sustento real, se emiten sentencias e impulsan leyes que van en contravía de nuestras tradiciones y de nuestro talante. 

Tenemos hoy subsidio del subsidio, rigidez laboral, permisividad para consumir drogas en los parques, se puede llegar borracho y drogado a trabajar, se puede tener sexo en el colegio sin consecuencias, se puede agredir a la fuerza pública y la protesta social casi siempre desencadena en vías de hecho y violencia. Las consultas previas no dejan avanzar el país hacia el desarrollo. Soy un defensor de las minorías, pero no siempre el derecho de las minorías debe primar sobre el interés nacional. No profundizo más, en el siguiente blog hablaré de los Derechos y Deberes.

Insisto, nuestra sociedad no puede vivir sin libertad y orden, como nos lo señalaron nuestros padres de la patria. Pero debemos Pararles-Bolas, debemos recuperar el orden social, político, jurídico y moral para poder garantizar nuestras libertades, sino viviremos en la anarquía y le estaríamos entregando el país a aquellos que lo único que les interesa es que vivamos en un caos total para que desde ahí ellos puedan sustentar la necesidad de una revolución. Ojo pues, que o nos ordenamos o nos va llegar la horrible noche de la tiranía del populismo y la izquierda más ciega y radical.

@gabrieljvelasco

Publicado: agosto 12 de 2019