Las elecciones que acaban de cumplirse dejan muchas lecciones para el Centro Democrático. Lo primero, es que una vez más se confirma que el presidente Uribe es el gran elector de Colombia, en cualquier escenario en el que se le mida. En 2016, contra todo pronóstico, se impuso en el plebiscito y el pasado domingo, logró que su candidato, Iván Duque, obtuviera una aplastante mayoría, superando los 4 millones de votos, una cifra nunca antes registrada en una consulta popular.

La victoria de Duque rompió algunos mitos y confirmó muchas realidades. Cuando él se impuso como candidato, fue objeto de una feroz guerra interna, liderada por algunos miembros del CD. Fueron muchas las voces que decían que sin el respaldo de Óscar Iván Zuluaga, Duque no ganaría. Se decía así mismo, que Zuluaga “era dueño de 7 millones de votos”. El resultado de las urnas demuestra que aquella aseveración es falaz. En la primera vuelta de 2014, Zuluaga sacó 3.7 millones de votos. Duque, en la consulta superó esa cifra, alcanzando poco más de 4 millones. Para ganar, Duque no requería del respaldo de Zuluaga, sino del de Uribe y, por supuesto, de la base uribista que disciplinada y entusiastamente concurrió a las urnas.

Ahora bien, si el exministro Zuluaga, quien no quiso responder las llamadas de Duque durante todos estos meses resuelve sumarse a la campaña uribista, las puertas claro que estarán abiertas para él, como lo están para todos aquellos ciudadanos que vean en la aspiración uribista una alternativa real y seria para salvar a Colombia.

Además de Duque, los grandes ganadores fueron aquellos que se la jugaron por él desde el comienzo. Cuando su nombre era visto con desdén y muchas resistencias. Alicia Arango, Luigi Echeverri y los senadores José Obdulio Gaviria, Everth Bustamante y Ernesto Macías se dieron a la tarea de construir este proyecto que hoy es realidad.

Lastimosamente, Gaviria y Bustamante no lograron renovar su permanencia en el Senado en el periodo que empieza el próximo 20 de julio.

Otra lección de estas elecciones tiene que ver con el número de curules del Centro Democrático en el senado de la República. Durante varios meses, se dio un intenso debate sobre la naturaleza de la lista que debía presentarse. Duque, Alicia Arango y José Obdulio Gaviria, defendían a capa y espada que la lista debía ser cerrada. Su argumento era muy sólido: el uribismo no podía promover una lucha interna de votos frente al presidente Uribe. Consideraban que era mucho más eficaz hacer una campaña de promoción del partido. Su contraparte fue el exvicepresidente Francisco Santos que sostenía la tesis de que al abrir la lista, se incluirían liderazgos regionales que le sumarían votos a la misma, los cuales se convertirían automáticamente en más curules en el Senado.

Al final del día, lo que cuentan son las curules y el Centro Democrático pasó de tener 20 senadores a 19, de acuerdo con las últimos resultados oficiales emitidos por la Registraduría.

El doctor Santos sigue defendiendo su tesis. En diálogo con este portal, celebró que el Centro Democrático hubiera sacado medio millón de votos más en las elecciones de Senado, pero no quiso admitir su error, pues el asunto no se limita a los votos que siempre crecen por cuenta del aumento del censo electoral, sino de escaños.

En la Cámara de Representantes el CD pasó de 18 a 32 curules, hecho que está muy bien. Nadie en el partido se oponía a que las listas de la Cámara, donde no competía el presidente Uribe, fueran abiertas. El error se dio en el Senado y es posible que logre solucionarse en el escrutinio final, pues es muy posible que el CD logre una curul adicional y quede con las mismas 20 del periodo anterior.  Así que el medio millón de votos de más que celebra el exvicepresidente, en plata blanca no sirvieron sino para perder una curul o en el mejor de los casos mantener el mismo número. Y los anuncios exultantes de las 25 o 30 curules, son simples palabras que el viento se ha llevado.

Ahora, empieza la verdadera carrera por la presidencia. Esta será una emulación entre dos sectores claramente definidos: el que lideran el presidente Uribe e Iván Duque y el del chavista Gustavo Petro. Las demás candidaturas se marchitarán con el paso de los días y los electores de empezarán a alinderarse con las aspiraciones viables de esta contienda.

Por eso, el trabajo debe redoblarse. Hay que procurar ganar en la primera vuelta que tendrá lugar en mayo próximo y con ello se evitará al máximo el riesgo de un gobierno absolutista como el que lideraría Gustavo Petro, quien ya amenazó con cerrar el congreso y con convocar una asamblea constituyente como la que hoy rige en la Venezuela de Nicolás Maduro.

Elegir a Duque significará cerrarle el paso al peligroso, intransigente, antidemocrático y populista modelo que representa Gustavo Petro.

Duque ha demostrado que es un líder político formidable y que es capaz de imponerse ante las adversidades. Si pudo llegar a donde hoy se encuentra, no habrá problema alguno con que en esta campaña que comienza logre conquistar a una inmensa mayoría ciudadana que le brinde su respaldo y en consecuencia resulte elegido como el próximo presidente de la República en la primera vuelta.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 13 de 2018