La extrema izquierda, con el apoyo de ciertos opinadores íntima e históricamente ligados con el narcotráfico, se ha encargado de cocinar la tesis manida de que el delincuente Alex Naín Saab Morán era cercano al uribismo y a la derecha colombiana, cuando todas las evidencias apuntan en sentido contrario. 

Han rodado ríos de tinta desde el momento en que Saab, cual forajido, fue capturado en Cabo Verde. Se han lanzado toda suerte de hipótesis alrededor de sus redes de apoyo políticas, tratando de desviar la atención de lo fundamental: su maridaje con figuras clave de la izquierda colombiana. 

Abundan las pruebas de las relaciones entre Saab y la exsenadora y promotora del régimen dictatorial venezolano, Piedad Córdoba, esa misma que figura como asidua corresponsal de las Farc -según consta en el computador de Raúl Reyes-, estructura de la que ella era una de sus más fieles y oídas consejeras. 

Para plantearlo de manera fácil de comprender, la “promotora artística” de Alex Saab ante la dictadura venezolana fue la señora Piedad Córdoba, quien ahora intenta desmarcarse de ese sujeto, dando a entender que apenas lo conoció. Infortunadamente para ella, su coartada es perfectamente débil. Las autoridades estadounidenses tienen pruebas suficientes de los estrechos vínculos entre la Córdoba y Saab, los movimientos de dinero entre él y la exparlamentaria, los pagos y las dádivas que ella recibió de manos de quien para la justicia estadounidense es el principal testaferro de la banda criminal que tiraniza al pueblo venezolano. 

Pasajera habitual de los aviones de Saab, Piedad Córdoba ha tratado de restarle importancia al asunto, dando a entender que Saab era un simple conocido. Si así fuera, entonces ¿por qué en los registros de vuelo del avión Gulfstream G280 con la matrícula N259FG -uno de los 3 de la flota de Saab- el nombre de la Córdoba aparece repetidamente?

Otro problema que agobia a la señora Piedad Córdoba son las relaciones económicas entre Saab y sus hijos. Existen evidencias de transacciones entre el empresario y los descendientes de la excongresista aunque no se sabe si entre los favorecidos con el dinero corrupto de ese individuo también está su primogénito, el ahora senador por el partido Verde, Juan Luis Castro Córdoba.

Gustavo Petro, que es un campeón para mentir y para evadir responsabilidades, también ha intentado desmarcarse de Saab persona con la que, por lo menos, tiene sólidos lazos a través de sus familiares y financiadores. 

El concuñado de Gustavo Petro, Carlos Gutiérrez Robayo -casado con María Teresa Alcocér, hermana de la mujer de Petro- ha estado involucrado en los turbios negocios de Saab, específicamente los que se ejecutaron a través de la empresa Trenaco, una compañía supuestamente especializada en servicios petroleros.  

Trenaco fue una empresa de papel, creada en Suiza en el año 2015 para hacerse con una licitación gigantesca que impulsó PDVSA -compañía petrolera estatal de Venezuela-. 

Se trataba de un megacontrato que superaba los $4500 millones de dólares y que tenía el propósito de rehabilitar varios centenares de pozos petroleros en la Orinoquía venezolana.

La licitación fue diseñada para favorecer a Saab quien, a través de Gutiérrez Robayo presentó a Trenaco para que fuera la adjudicataria del contrato. 

La tramoya fue tan burda que el escándalo no se hizo esperar y el negociado tuvo que ser reversado, cuando compañías petroleras multinacionales pusieron en evidencia que Trenaco era una empresa de papel, sin experiencia y sin capacidad para ejecutar el objeto de la licitación. En su momento, el periódico especializado en asuntos económicos, La República, se refirió al desplome de esa sociedad revelando que su patrimonio negativo era superior a los $68 mil millones de pesos. 

Hábil para esquivar los cuestionamientos, Petro asegura que él nada tiene que ver con Alex Saab ni con su tinglado de corrupción, pero evita poner la cara para reconocer que su concuñado y mecenas, Carlos Gutiérrez Robayo es -o fue- uno de los testaferros de Saab. 

Bueno es recordar que, de acuerdo con el International Consortium of Investigative Journalist -organización que descubrió, esquematizó y publicó la información que desató el escándalo de los PanamaPapers– “entre 2007 y 2014, Gutiérrez Robayo creó una red de 12 compañías Offshore y tres fundaciones en Panamá y las Islas Vírgenes Británicas, manejadas por su firma Trenaco Colombia. El fue el dueño de por lo menos 11 de las compañías y de una fundación. Sin embargo, él manejó toda la red con su esposa, quien es la copropietaria de una compañía y la beneficiaria de una fundación…Cuando sus firmas estaban bajo la tutela de Mossack Fonseca, Gutiérrez Robayo y su esposa [la hermana de la esposa de Petro] abrieron una cuenta en un banco suizo entre 2010 y 2011”.

Fiel a sus maneras evasivas, Petro -que hasta ahora no ha querido responder por sus vínculos con el crimen organizado-, se desmarcó de Gutiérrez Robayo, a pesar de que existen evidencias documentales de transacciones económicas entre ellos, como un “préstamo” de $50 millones de pesos en el año 2006, para la financiación de la campaña petrista al senado de la República. 

En 2011, cuando Petro se lanzó a la alcaldía de Bogotá, Gutiérrez Robayo, a través de empresas asociadas con él, le donó cerca de $60 millones a su concuñado, ese mismo que ahora, como el apóstol Pedro, lo niega sistemáticamente y sin esperar al canto del gallo. 

No se descarta que cuando Alex Saab esté ante la justicia estadounidense y la fiscalía y el FBI terminen de destapar sus cartas, los nombres de Carlos Robayo y de Piedad Córdoba, vuelvan a oírse en los pasillos de las cortes norteamericanas. En ese momento, muy seguramente, Petro volverá a inventar alguna historia llena de fantasía -y hasta enfermedades imaginarias- para tratar de salvar su pellejo.  

@IrreverentesCol

Publicado: junio 22 de 2020