Si alguien tenía dudas que la excandidata Ángela Garzón es -al igual que su padre- una oportunista política, en virtud de sus últimos movimientos el panorama ha quedado perfectamente esclarecido. 

Lo cierto es que ella jamás fue uribista. Nunca creyó en el cuerpo doctrinario del partido del presidente Uribe. Hace menos de 4 años, se matriculó en el Centro Democrático con el propósito de ser incluida en la lista al concejo de Bogotá. 

Ella quería ser concejal al precio que fuera y, abusando de la impresionante fuerza electoral del uribismo, se coló en el Centro Democrático.

Su candidatura a la alcaldía nació herida de muerte por una razón simplísima: desde el primer momento se sospechó de la falta de transparencia del proceso que terminó ungiéndola como aspirante uribista, por encima del candidato que mayor simpatía y afecto despertaba en la base electoral del Centro Democrático, el doctor Samuel Hoyos. 

Evidentemente, la coherencia no es una virtud que se encuentre en el código genético de la señora Ángela Garzón, quien durante su juventud militó en el polo democrático. Luego, de cara a las elecciones de 2010 -cuando su papá fungía como candidato a la vicepresidencia-, se pasó al partido de La U. 4 años después, entró de lleno al partido liberal, con el propósito de apoyar decididamente la reelección de Juan Manuel Santos.

Durante su fugaz militancia en el liberalismo, Ángela jugó un papel fundamental en la financiación de la reelección de Santos, debido a que Simón Gaviria la designó, junto al cuestionado Esteban Moreno, como gerente de ese partido. 

La justicia tiene en sus manos la información que confirma que a través de la tesorería de la campaña liberal de 2014 -en la que Ángela Garzón fue una ficha clave-, se movieron miles de millones de pesos de Odebrecht. La ahora excandidata a la alcaldía, reiteradamente ha evitado responder por ese asunto que, tarde o temprano, terminará enredándola.

Su estadía en el partido liberal fue muy breve. De cara a las elecciones locales de 2015, la hija de Angelino apostató de su fe santista y, un día cualquiera, amaneció convertida en uribista. Claro: el cambio se produjo en el mismo instante en que estaba integrándose la plancha al concejo de la capital colombiana.

A punta de intrigas y presiones, logró que la incluyeran en el segundo renglón de una lista cerrada. Así, quedó garantizada su llegada al cabildo distrital.

Es perfectamente legítimo que los políticos tengan aspiraciones. Pero para que aquellas tengan algo de oportunidad, se requiere coherencia. Ángela Garzón presentó su aspiración a la alcaldía de Bogotá por el Centro Democrático, sin tener la mínima identidad ideológica con el partido del presidente Uribe. 

Una vez el partido uribista tomó la sabia decisión de retirar esa candidatura fallida, Ángela Garzón, haciendo un despliegue absoluto de su falta de disciplina, salió del partido con la misma rapidez y facilidad con que entró hace menos de 4 años. 

Ahora, Garzón volvió a dar la voltereta. A ella no se le dificulta traicionar, pues es evidente que es una operadora política sin mayores principios ni ideas. Anunció que apoyará la candidatura de Carlos Fernando Galán. 

Ella puede cantar su voto a favor de  cualquier persona. En democracia, los ciudadanos son libres a la hora de escoger a sus candidatos. Ángela Garzón no llega a la campaña de Galán con votos adicionales al suyo. 

Los políticos en Bogotá, con algo de gracia, especulan respecto del próximo destino político de la señora Garzón. Ya estuvo en casi todas las colectividades. Solo le falta incluir en su colección de militancias, las credenciales del partido Conservador y las Farc. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 7 de 2019