Es un mal perdedor. Aceptar el triunfo del oponente es algo que le queda grande. No hace parte de su código político. El personaje no entiende de principios ni de valores elementales; por lo visto, le gusta pasar por encima de la ética, siempre que se convierta en un obstáculo incómodo.

Tristemente, ad portas de la debacle, en la mente del presidente de Colombia, lo único que se está maquinando es una jugada peligrosa que puede llevarse de por medio la institucionalidad y el futuro de nuestro país.

No sabemos, a ciencia cierta, qué negoció con Timochenko, porque todo lo que sale a la luz pública es información incompleta. Al parecer, el Nobel está entre la espada y la pared. ¿Terminará pagando Colombia los errores del mandatario? “Faltón” le gritan las voces autorizadas que trabajan para el Dragón Rojo.

En fin, este es el panorama. La premisa básica del modus operandi que se ordena desde Palacio es sencilla: imponer “la paz”, así se tenga que arrasar con el orden jurídico. Esta es la respuesta presidencial, tras las tres derrotas que Santos, importante alfil del socialismo del siglo XXI en la región, ha recibido en los últimos dos años.

Primera derrota: el triunfo del No en el Plebiscito. Al conocer los resultados, convocó a la oposición a sendas reuniones. En lugar de aceptar la derrota, engañó de nuevo. Perdió, pero terminó imponiendo “su agenda” a los trancazos, pasando por encima de la historia, pateando el resultado de los comicios del 2 de octubre e incumpliendo, de paso, su promesa de renunciar si el resultado le era adverso. Cero y va una.

Segunda derrota: la Visita del Papa Francisco no salió como el presidente quería. Montó el show como le gusta, fastuoso y desorbitantemente caro. Gastó millones para recibir al papa argentino, pero no logró ser parte del espectáculo. Muy lucida la ceremonia de recepción en la Casa de Nariño, con palomita y “fuego” olímpico, pero nada más. La Secretaría de Estado Vaticana no aceptó ninguna intervención presidencial en Villavicencio. Ese día no hubo pantalla para Santos, sólo hablaron las víctimas. El Cristo de Bojayá fue el que se robó todas las miradas. Cero y van dos.

Tercera derrota: las 16 curules para las FARC no fueron aprobadas en el Senado. La votación fue adversa a Santos. Este drama sigue en curso. El Gobierno esta vez pasa por encima de las matemáticas. Las 16 curules no alcanzaron los votos necesarios para ser aceptadas. Eso es lo que ocurrió. El ministro de turno negocia. Se acabó la mermelada. ¡Uy, qué lío! Cero y van tres.

Aviso urgente: el rifi-rafe entre el Gobierno y la mesa directiva del Senado, a pesar de las evidencias que dan como claro ganador al Senado, puede terminar en el Consejo de Estado. Ahí perdemos el país, porque este órgano es afecto a las Farc.

Conclusiones: primera, el Nobel desconoce el mandato elemental de la Democracia, que es el respeto por el sufragio universal como expresión sagrada de la voluntad del constituyente primario o de sus representantes en el Congreso.

Segunda, estamos ante una Dictadura. Aquí no hay vuelta atrás. O se impone la agenda de las Farc o se acaba la paz. Chantaje infeliz. Perversa estrategia de terror.

Con todo respeto: El presidente de la República ha feriado el presupuesto nacional, pagando favores, incentivando la corrupción, acomodando la ley a su antojo, comprando conciencias, enmermelando todo lo que toca. Esa ha sido su línea de conducta. Los números hablan en su contra. La realidad del país es muy diferente a la que él ve. Salgamos a las calles para salvar lo poco que nos queda de Colombia.

Que se acabe la paz entonces. Porque eso que nos están vendiendo como paz, no es paz: es la coronación del comunismo en Colombia y del narcotráfico como forma de lucha.

@tamayocollins

Publicado: diciembre 6 de 2017