Camilo Enciso, exsecretario de Transparencia de Juan Manuel Santos, se hizo célebre cuando minutos después de que estallara el escándalo de Odebrecht, saliera ante los medios de comunicación a decir que todo era una falsedad y que no existía prueba ninguna de que la campaña de Juan Manuel Santos estuviera involucrada en esos episodios de corrupción.

Al poco tiempo, las evidencias se encargaron de silenciar a Enciso, quien quedó sin argumento alguno. Santos se eligió en 2010 con donaciones de Odebrecht y pudo comprar su reelección de 2014 con el dinero de esa empresa, luego de que el gobierno le obsequiara la construcción de la carretera entre Ocaña y Gamarra. 

Desde que salió de la secretaría de Transparencia, Enciso se ha dedicado a ejercer desde su propia oficina, Enciso Vanegas- Abogados y consultores, una empresa que “brinda asesoría del más alto nivel en diversos temas de buen gobierno, transparencia, prevención de corrupción, compliance y consultoría estratégica”.

Es decir: desde su oficina particular, Enciso asesora empresas en asuntos que él diseñó siendo “zar anticorrupción” del gobierno de Santos, algo que no resulta del todo transparente y ético, pues se estaría ante un escenario de “yo hago la política pública y luego cobro a empresas para que se ajusten a la misma”, como explicó un abogado experto en esa materia a este portal. 

Mientras estuvo en la oficina de transparencia, Enciso creó una nómina amplísima de asesores, muchos de los cuales aún continúan trabajando allí, lo que despierta una duda respecto de si esas personas que en su momento fueron nombradas por él, hoy le proveen información privilegiada que le puede ser demasiado útil a su próspera firma de consultoría.  

Camilo Enciso no es una persona fiable. Su proceder siempre ha sido cuestionado. En el mundo de los abogados, aún se habla de las circunstancias que condujeron a su salida de la firma Brigard y Urrutia en 2009, un año después de haber llegado a la misma.

En efecto, los directivos de esa firma se  enteraron que Enciso estaba exigiéndole una gruesa suma de dinero a una desvalida secretaria para ayudarle a salir de una dificultad que tenía, un comportamiento totalmente inaceptable que refleja la catadura de ese individuo, célebre por sus agresiones y abusos. 

Enciso es una persona ruin que en su momento tuvo la cobardía de cuestionar al exministro Andrés Uriel Gallego, semanas después de su muerte, pretendiendo enlodar su nombre y honorabilidad. 

Ahora, Enciso ha llegado al extremo inaudito de cuestionar a la campaña del presidente Iván Duque por haber solicitado un préstamo al grupo Aval, para decir que ello inhabilita al presidente para designar fiscal ad hoc para el caso de la Ruta del Sol, en la que Aval  es socio de Odebrecht. 

Aquello, además de delirante, es miserable y canalla. Aval es la red bancaria más grande de Colombia y hasta el momento no hay prueba ninguna de que la familia Sarmiento haya autorizado o siquiera conocido del pago de sobornos. Descalificar al presidente Duque por haber tramitado un préstamo a los bancos de la familia Sarmiento, es absurdo y desproporcionado.

Como absurdo y desproporcionado es que Enciso haya montado una firma para lucrarse vendiendo consultorías para cumplir con requisitos de transparencia que él estableció siendo funcionario del gobierno anterior. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 17 de 2018