Resulta que la vida deportiva de los representantes colombianos en los Juegos Olímpicos en Brasil es una mina de sufrimientos, esfuerzos, perseverancia, goce, solidaridad de familia, honor por su bandera, afecto indeclinable por su patria y responsabilidad por su deporte.

Mariana Pajón es una muchacha de clase media, de estatura baja y de temperatura alta, dueña de sí misma y de su bicicleta. Recibió el ejemplo de sus padres por ser kartista el papá y su mamá equitadora. En su hoja clínica figuran caídas y accidentes notorios: fracturas de clavícula, omoplato, tobillo derecho, cúbito, radio en varias ocasiones, una de sus manos tiene 9 tornillos y 2 platinas. Además, fisuras en las dos rótulas. Ama los animales y es de una simpatía generosa.

Caterine Ibargüen es una negra o afrocolombiana que llena el espacio con una sonrisa y una personalidad consolidada. Nació en Apartadó, municipio de Urabá, la otra Antioquia mestiza, tiznada de color moreno, hija de trabajadores sencillos. Con 32 años, 70 kilos y 1.81 metros de estatura, en la escuela la altura física era su problema. Gracias a sus entrenadores logra situarse en el más alto escalón del salto triple. Su forma física es el de una mujer admirada, pero no acepta ser  símbolo sexual, no es una chica play-boy. “Soy una atleta y punto”.

Oscar Figueroa Mosquera es un mestizo nacido en Zaragoza, 1983, a donde llegaron sus padres chocoanos mineros artesanales del oro. Prefirió huir con sus hermanos hacia el Valle del Cauca, por motivo de la violencia guerrillera y paramilitar. Su constancia es la razón de vida en alianza con la compañía de sus entrenadores. En su hoja de dolores están una lesión en la vértebra cervical y varias lesiones que superó gracias a su médico de cabecera. Cuando fue soldado del ejército, un sargento lo apoyó para mantenerse en forma, puesto que una hernia discal en la columna lo sumió en una crisis. Estudia en la Universidad Santiago de Cali la carrera de Administración de empresas. El carácter recio de sus kilogramos en alza es el mismo de su espíritu.

Yuri Alvear, a judoca de Jamundí, Valle del Cauca, nace en 1986. Consigue financiar su práctica deportiva vendiendo empanadas y rifas que complementa con bingos. Su familia ha sido el mojón de apoyo: su padre bulteador de sacos de arroz y su madre planchadora de ropa en casas de familia. Logra sus triunfos gracias a su estancia en el Japón con las enseñanzas de un maestro de esa nacionalidad, con el dolor inicial de verse separada de su familia y frente a un idioma desconocido. Hoy es medallista olímpica.

Yuberjen Martínez es un urabaense nacido en el puerto de Turbo, Antioquia, 1981. Sobrevivió a su nombre, literalmente, porque alguien buscaba a otro sujeto llamado Yuber Juan para matarlo y casi lo confunde. Fabricó y vendió artesanías de caracol, fue lavador de motos, mecánico de bicicletas, vendedor de mangos y obrero en las bananeras. Neila, su madre, es el amor grande de su vida a quien le comprará una silla con ruedas para que no se canse. Con ese nombre inventado por su padre, no tendrá nunca un homónimo.

Ingrit Valencia, de Morales, Cauca, alias La Zarca, por el color de sus ojos, aprendió a usar sus puños desde el colegio, para defenderse del matoneo masculino. Madre a temprana edad, trabajó en Cali en una cocina para obreros de la construcción. Entrenaba en las tardes. Así fue ascendiendo en los torneos de boxeo. Es la colombiana que en el cuadrilátero pone la zurda en alto porque la levanta el árbitro en razón de la victoria.

Alberto Ramírez Yepes es un bicicrosista  como Pajón, natural de Envigado, Antioquia, 1994. Lo llaman el Pequeño Mago porque sorprende a sus admiradores al pasar de último en la competencia, al primer puesto. Caídas y recuperaciones son superadas por la disciplina. Bogotá es la plaza en donde entrena y vive este medallista de bronce olímpico.

Luis Javier Mosquera es pesista con medalla de bronce, 21 años, lograda por su mérito y por la descalificación de su contendor por dopaje. Recibió la noticia en su casa, municipio de Yumbo, Valle del Cauca, ya que abandonó en su momento la residencia deportiva en la Villa Olímpica. Su sencillez y juventud son prenda para el futuro de su deporte.

Mirando este cuadro de atletas y deportistas se encuentra una fractura: dos departamentos de Colombia producen casi el ciento por ciento de los premiados sobresalientes en Río. Se nota a las claras la mermada importancia que el Estado y la mayoría de las empresas privadas le dan al deporte, que es una cultura milenaria y factor de convivencia y superación de la estirpe.

Gracias a los cronistas deportivos de la prensa nos enteramos de estos detalles humanos y ejemplares.