Roy Barreras, un traicionero patológico que construyó su carrera engañando, mintiendo y utilizando distintas máscaras para estafar a los electores.

La lealtad es uno de los valores más preciados en cualquier ser humano, pero en un político éste tiene un peso aún mayor, pues se constituye en un sello de garantía para aquellos ciudadanos que depositan su confianza y representación en esapersona.

Roy Barreras ha edificado su carrera política a punta de volteretas y traiciones. La coherencia no es su fuerte. Los bandazos que ha dado son ostensibles.

Empezó militando en el galanismo vallecaucano, siendo compañero de lucha del narcopolítico Mauricio Guzmán Cuevas, exalcalde de Cali condenado por haber recibido, por lo menos, 9 cheques de empresas fachada de los hermanos Rodríguez Orejuela

Con su mentor tras las rejas, Barreras buscó un nuevo rumbo y se afilió al movimiento Alternativa Liberal Popular que dirigían María del Socorro Bustamante y Arlén Carvajal.

Bustamante es una política profesional que en su más reciente intento por mantenerse “viva” en la arena electoral fingió ser representante de las negritudes para llegar en representación de esta minoría étnica al Capitolio. Esa “ejemplar” dirigente fue la persona que creyó y promovió a Barreras para ser suplente de Arlén Carvajal en el periodo 1994-1998.

Carvajal se vio obligado a dejar su curul en 1995, razón por la que Roy Leonardo Barreras asumió como representante a la cámara. Llegaba, por primera vez a un cuerpo colegiado, gracias a la palomita de quien ocupaba el primer renglón de la lista.

A pesar de su militancia liberal, Barreras entendió que era rentable mediáticamente hacerle oposición al presidente, Ernesto Samper Pizano, involucrado en el proceso 8000.

Era paradójico: en Bogotá, Barreras se rasgaba las vestiduras atacando a Samper y en Cali, se jugaba sus restos en la defensa de su padrino político, Mauricio Guzmán, ambos salpicados hasta la coronilla en el 8000. Desde entonces, quedó claro que Roy tenía una sorprendente capacidad para militar, al mismo tiempo, en dos corrientes antagónicas.

Cuando supo que ya no podía sacarle más provecho a su alianza con María del Socorro Bustamante y Arlén Carvajal, Barreras se volteó y puso sus ojos en las toldas pastranistas, de cara a las elecciones de 1998.

Como quien se cambia de calcetines, dejó de ser liberal y se convirtió en un entusiasta promotor de la candidatura de Andrés Pastrana, apoyando ciegamente a pesos pesados del conservatismo vallecaucano, como Francisco Lloreda y a una de las más importantes líderes de la denominada nueva fuerza democrática –movimiento regentado por Pastrana-, Claudia Blum.

De cara a las elecciones de 2002, Barreras volvió a intentarlo, no sin antes dar una nueva voltereta.

En aquellas elecciones, la competencia fuerte era entre Álvaro Uribe, Horacio Serpa y Noemí Sanín. Barreras, se la jugó por la mujer de la terna.

La característica general de los conversos es que, una vez toman la decisión de “profesar una nueva fe”, se ven obligados a actuar de forma tal que nadie pueda dudar que su “transformación” es real e irreversible.

Como “noemicista”, Barreras no solo defendió a su candidata, sino que fustigó con virulencia a quienes abandonaron esa campaña para sumarse a la de Uribe. A comienzos de mayo de 2002, pocos días antes de que tuviera lugar la primera vuelta, en tono exaltado, Barreras expresó que “a nosotros no nos estimula el oportunismo ni el hambre por conseguir empleo en el próximo gobierno, cualquiera que sea. Por eso, no abandonamos la candidatura presidencial en la que siempre hemos creído”.

El “siempre” de Barreras duró muy poco. Apenas se confirmó la victoria de Uribe en la primera vuelta de 2002, se convirtió en un decidido y aguerrido uribista, pues vio en el nuevo presidente de Colombia el camino expedito para volver al Congreso en 2006.

Y lo logró, disfrazándose de militante de Cambio Radical, partido de Germán Vargas lleras, quien en aquellos tiempos respaldaba a Álvaro Uribe.

La interminable lista de volteretas, por fin dio resultado. En 2006, logró una curul en la cámara de representantes.

Para que no existiera dudas de su “compromiso”, Barreras se alineó al uribismo de tal manera que cuando Germán Vargas rompió con Uribe, Roy se hizo expulsar de Cambio Radical, colectividad que lo calificó de “desleal”, razón por la que le revocó su credencial como militante.

En julio de 2009, tomó fuerza la posibilidad de un referendo para consultarle a la ciudadanía si se estaba o no de acuerdo con una segunda reelección del presidente Uribe. En ese entonces, Barreras defendía con vehemencia aquella posibilidad. “En las calles hay más de 7 millones de uribistas que esperamos que se respete ese referendo…”.

Era un ardiente defensor de la seguridad democrática, muchas veces siendo “más papista que el papa”, pues llegó al extremo de demandar un cambio en el gabinete ministerial de Uribe al señalar que “hay muchos ministros que no están comprometidos con la defensa de la seguridad democrática. Hay ministros que no les importa el hecho gravísimo de que tengamos riesgo de perder el poder. Hay que darle continuidad a lo que los colombianos quieren: seguridad, confianza, que no perdamos el rumbo, que no volvamos atrás; aquí, es eso lo que está en juego”.

Frente a las elecciones de 2010, Barreras concluyó que había llegado el momento para ascender al senado. Consciente de que la inmensa mayoría votaría por defensores del legado de Uribe, llenó al país de afiches en los que invitaba a votar, formulándole una pregunta a los ciudadanos: “¿Usted también quiere defender la obra de Uribe?”.

81339 personas confiaron en Barreras, pero sobre todo en su promesa de defender el legado del gobierno de la seguridad democrática. Pero más se demoró Uribe en abandonar la Casa de Nariño, que Barreras en dar el triple salto mortal.

Sin sonrojarse, tomó la bandera del proceso con las Farc, para convertirse en el principal aliado de Santos en su propósito de entregarle la democracia colombiana a Timochenko y sus secuaces.

Hace algunos años, cuando empezó a darse la discusión sobre la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, Barreras, en su condición de representante a la cámara planteó su punto de vista, con una convicción tal que muchos creyeron que, en efecto, se trataba de una opinión seria y firme. En aquella época, dijo que “mi posición, para que nadie se llame a equívoco, hoy, hace 7 años, la vida entera: sí a los derechos civiles, no al matrimonio y a la adopción por parte de parejas del mismo sexo…Tengo claras mis convicciones de toda una vida, a propósito de que creo como la mayoría de los colombianos que no es una buena idea para las familias colombianas establecer la condición de matrimonio, y menos aún la adopción por parte de parejas del mismo sexo”.

En esa misma intervención, Barreras confesó que tiene un pariente que es hijo de una pareja homosexual y se quejó porque el niño de 7 años “está sometido a una condición de estigmatización, de matoneo infantil, de incomprensión…El adulto que decide ser gay, toma esa decisión libre; el niño no. Nadie le preguntó si esa familia sin referente de padre y de madre, era la familia que él podía escoger. Los compatriotas homosexuales, tienen derecho a amarse. Los niños colombianos tienen derecho a tener padre y madre…”.

Pero el bandazo en esa materia, tarde o temprano iba a darse. Durante el debate que tuvo lugar en días pasados sobre el referendo que buscaba preguntarle a la ciudadanía si quería o no prohibir la adopción por parte de personas del mismo sexo, Barreras creyó que oponiéndose a esa iniciativa conquistaría los votos “progresistas”. Esa, seguramente, fue la razón por la que volteó completamente su posición.

Lo que antes presentaba como “la convicción de toda una vida”, quedó relegada. Es posible que el incoherente congresista, haya vuelto a nacer y el país aún no lo sepa. O, lo más posible, es que estemos frente a un personaje cuya única, segura e irrenunciable creencia sea la de alcanzar el poder, disfrazándose de lo que sea menester para engañar y estafar a los ciudadanos.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 12 de 2017