Este fin de semana volví a ver un clásico del cine infantil: “El Rey León”. Esta película me trae muchos recuerdos; cuando la estrenaron, en el año 1994, yo estaba recién llegado junto a mi familia a la ciudad de Washington D.C. (EE.UU.), a donde mi papá, el general Uscátegui, había sido trasladado como agregado militar.

Para los que no lo saben, los militares en Colombia se muelen el lomo durante varias décadas trabajando, esperando el anhelado momento de viajar al exterior en este tipo de traslados o agregadurías. A nosotros nos llegó ese momento en el año 1994 cuando mi papá, con el grado de coronel y gracias a su excelente desempeño académico y profesional, recibió esa oportunidad.

En ese entonces, la película me impactó enormemente. Como niño adolescente, que aún era por esa época, la historia del cachorro león que vio a su papá morir, producto de las intrigas de la vida, me marcó profundamente al solo imaginarme lo doloroso que debe ser pasar por esa experiencia. Es más, ahora caigo en cuenta lo útil que puede ser esta película a la hora de ayudar a un niño a enfrentar un duelo semejante.

Definitivamente, así como Heráclito decía que “nadie puede bañarse dos veces en un mismo río”, es una realidad que uno no se ve dos veces una misma película o se lee dos veces un mismo libro. Las coincidencias que encuentro entre “El Rey León” y la Colombia contemporánea son francamente espeluznantes.

La película nos presenta el relato de un gobernante que utiliza el engaño y la traición para llegar al poder. Una vez en él, lleva a gobernar consigo a unos seres despiadados e insaciables, las hienas, que terminan por romper el “ciclo de la vida” (entiéndase “democracia”) y hunden al reino en la peor ruina nunca antes vista. Cuando sucede eso, las mismas hienas van donde el gobernante a reclamarme porque no hay qué comer ni qué beber.

Es imposible no visualizar en ese último escenario a la Venezuela de hoy donde la ruina y la desolación se han consumado, dejando entrever que en Colombia aún estamos en las etapas previas a la debacle anunciada.

La película termina cuando una nueva generación de leones, quienes entienden y valoran “el ciclo de la vida”, y luego de enfrentar con valentía el pasado y las verdades que éste encarna, retoman el control del gobierno y trazan un nuevo sendero de progreso.

Cualquier parecido con nuestra realidad actual, no es mera coincidencia. Confiemos que en nuestro caso también tengamos un desenlace del cual podamos sentirnos orgullosos. Nuestra supervivencia depende de ello.

P.D. Me sumo a las expresiones de condolencia por la partida del doctor Fabio Echeverri, eminente dirigente y líder. Especialmente a su hijo, Luigi, toda mi solidaridad y aprecio. Anhelo que en este breve escrito encuentre también una pizca de consuelo.

@jjUscategui

Publicado: octubre 30 de 2017