A los terroristas de las Farc, aún les quedan las armas escondidas en las 900 caletas. Harán política fuertemente armados.

La cuestión quedó muy clara por parte de los Estados Unidos, principal aliado de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. De boca del senador del estado de la Florida, Marco Rubio, en días pasados se oyeron críticas muy fuertes al acuerdo entre Santos y las Farc.

En criterio del influyente legislador, durante los diálogos en La Habana, los cultivos ilícitos crecieron exponencialmente. Así mismo, insistió en la extradición de aquellos miembros de las Farc que tengan cuentas pendientes con la justicia norteamericana.

Aquella declaración, que cayó como un baldado de agua fría en la Casa de Nariño, se dio en momentos en que la ONU certificaba que las Farc habían entregado 7132 armas.

El problema no está en las armas que supuestamente le fueron entregadas a las Naciones Unidas, sino las que no entregaron, aquellas que están enterradas en las 900 caletas que las Farc tienen a lo largo y ancho del país.

Si en cada una de esas caletas hay solo 8 armas, aquello significa que la guerrilla habría entregado únicamente la mitad de su material de guerra.

En abril pasado, en el departamento de Putumayo, el ejército encontró una caleta que le pertenecía al frente 48 de las Farc. En dicho lugar, los terroristas tenían escondidos 54 fusiles, 6 ametralladoras, 2 subametralladoras, 3 lanza granadas, 3 morteros, 15 granadas de fragmentación, 100 kilos de explosivos, 200 minas antipersona y más de 16 mil cartuchos calibre 7.62.

El escenario resulta preocupante si en esas 900 caletas hay el mismo número de fusiles incautados en el Putumayo, pues estaríamos ante un escenario delicadísimo: las Farc tendrían escondidas cerca de 50 mil armas largas, cifra que coincide con el número de fusiles que en los tiempos de El Caguán, el régimen peruano de Fujimori y Montesinos les vendió.

Todo ello, sin contar las pistolas y subametralladoras que portarán los 1200 guerrilleros que seguirán en armas, disfrazados de escoltas de la guerrilla.

Santos no puede seguir mintiéndole a Colombia. Las Farc no se desarmaron. Cambiaron de estrategia. Legalizaron buena parte de sus armas, limpiaron su fortuna y se constituirán en un partido político respaldado por personas fuertemente armadas (Al respecto, lo invitamos a leer “¿Se acabaron las Farc?”).

El terrorista alias Andrés París, en tono desafiante declaró que “las Farc no se acaban; se transforman… Ya hay dos candidatos de extrema derecha: Álvaro Uribe y Vargas Lleras; eso es un ‘lamparazo’ para las fuerzas democráticas colombianas”.

Ahí está el quid  del asunto: las Farc, en su nueva modalidad de “combinación de todas las formas de lucha” tienen el cometido de atajar a la oposición colombiana que ha elevado críticas a los acuerdos entre Santos y Timochenko. El problema es que no lo harán en franca lid democrática: tienen a su servicio a un sistema judicial diseñado para encarcelar a los opositores legítimos del terrorismo y, por supuesto, un aparato armado que despierta desconfianza.

Sin haber empezado a ejercer, ya hubo muestras de los desmanes que cometerán esos 1200 facinerosos que empezarán a posar de escoltas adscritos a la denominada unidad nacional de protección. En efecto, hace pocos días, en Facatativá, un nutrido grupo de terroristas de las Farc que estaban haciendo el curso de escoltas, a elevadas horas de la noche y en evidente estado de embriaguez, aterrorizaron a la población, haciendo disparos al aire y lanzando arengas comunistas.

Entra nuestro país a una dimensión delicadísima, en la que partidos políticos respetuosos de la ley y las reglas de juego democráticas, tendrán que competir en desventaja con una estructura violenta, llena de dinero producto del tráfico de drogas y con militantes armados hasta los dientes. Como si aquello fuera poco, en la retaguardia estará el Eln y, en su defecto, la denominada jurisdicción especial de paz a la que serán conducidos aquellos que, en criterio de las Farc, amenacen “la paz estable y duradera”. Si aquello no constituye un régimen totalitario, entonces las teorías de la ciencia política, empezando por la que sobre el totalitarismo trazó Hannah Arendt, deberán ser revisadas a profundidad.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 28 de 2017