A menos de un año de la primera vuelta presidencial, una de las principales preocupaciones del presidente Uribe es la de lograr mantener unida a la coalición que el pasado 2 de octubre logró imponer el NO en la votación del plebiscito.

En la reciente convención del Centro Democrático, el expresidente Uribe fue claro en ratificar su voluntad de unir esfuerzos con aquellos sectores afines que de una u otra manera aportaron para poder derrotar a la coalición Santos-Farc.

En la teoría, propender por continuar unidos y llegar con candidato único a las elecciones de 2018, resulta obvio y estratégico, pero en la práctica será muy difícil. La realidad política indica que no será fácil encontrar el mecanismo idóneo para cumplir con ese propósito.

No fueron pocos los sectores uribistas que le insistieron a Alejandro Ordóñez que inscribiera su nombre como precandidato presidencial del Centro Democrático.

Ordóñez, incomprensiblemente, no quiso hacerlo y en los próximos días anunciará que empezará a recoger firmas por todo el país para presentarse como candidato independiente, respaldado por un grupo significativo de ciudadanos.

Y aquello, de entrada, liquida la posibilidad de un entendimiento con el exprocurador y el Centro Democrático, partido que por su lado tiene que llevar a cabo un procedimiento para seleccionar a su candidato presidencial que, seguramente, terminará siendo una consulta popular en el mes de octubre de este año.

LOS IRREVERENTES hablaron con 3 precandidatos uribistas y los 3 coincidieron en su desacuerdo con someter al partido a dos votaciones antes de la primera vuelta: “deberemos medirnos en las urnas, en una consulta, para que sea el pueblo el que decida quién debe ser el candidato presidencial. No resulta sensato pensar en que, después de ello, debamos nuevamente concurrir a una votación para definir quién va a ser el candidato entre nosotros, Ordóñez y posiblemente Martha Lucía Ramírez”, le manifestó uno de ellos a este portal.

Con esa realidad de presente, el panorama no está en absoluto claro para la coalición. Legítimamente, todos los integrantes de la coalición del NO quieren alzarse con la candidatura y, paralelamente, todos coinciden en que la definición del candidato debe hacerse a través de un mecanismo democrático. El único que esperaba, o espera, que el candidato se escoja en una convención cerrada y desequilibrada es Óscar Iván Zuluaga, quien reasumirá su precandidatura en un par de meses.

Las campañas políticas, indefectiblemente, despiertan pasiones y avivan el paroxismo. Pensar en una emulación de candidatos en la que no haya confrontaciones y no se generen roces entre los seguidores de unos y otros es, simplemente, una ingenuidad.

Con ocasión de la pasada campaña presidencial, en la que el uribismo literalmente se fraccionó entre los uribistas puros que respaldaban al exvicepresidente Francisco Santos y el sector de la política tradicional que acompañó a Zuluaga –cuya victoria en la convención estuvo recubierta por el manto de la ilegitimidad gracias a las evidentes trampas que se hicieron-, la lección debió quedar aprendida: el Centro Democrático debe tramitar la selección de su candidato presidencial en el término de la distancia, para efectos de dedicarse a recorrer al país con su aspirante como cabeza visible de todas las correrías.

Las encuestas son incontrovertibles: la mayoría ciudadana manifiesta que votará por “el candidato que ponga Uribe”. No importa quién sea de los actuales precandidatos. Todos tienen grandes cualidades y capacidades.

Falta por definir, eso sí, los casos de Luis Alfredo Ramos y Óscar Iván Zuluaga.

Ramos, seguramente entrará a la competencia si la corte suprema de Justicia falla a favor suyo en las próximas semanas.

Zuluaga, por su parte, tiene el viento a su favor. El proceso que se adelanta en contra suya por la participación de Odebrecht en la financiación de su campaña (Puede leer  “Odebrecht compró las elecciones de 2014”), está a un par de meses de caducar. La caducidad, es irrenunciable y el consejo nacional electoral, está haciendo todo lo posible para dilatar las investigaciones contra las campañas de Santos y Zuluaga, apelando a toda suerte de leguleyadas. Los magistrados de ese organismo, en evidente prevaricato, se han dado a la tarea de aplazar el asunto para no investigar lo que sucedió en las dos campañas de 2014, donde no hay duda alguna de que Odebrecht metió miles de millones de pesos; a uno le dieron el dinero en tulas y al otro, le financiaron al publicista.

Con la caducidad en la mano, Zuluaga, con toda la razón, dirá que la autoridad electoral no emitió sanción en su contra, razón por la que estará habilitado para retomar su precandidatura.

Mientras el uribismo evoluciona su proceso interno, el exprocurador Ordóñez, que no tiene estructura política, ni tiene maquinaria alguna, ni tendrá tampoco recursos oficiales como los anticipos de campaña, dado que los grupos significativos de ciudadanos no tienen derecho a ellos, deberá estructurar una campaña puramente cívica. Si logra que su discurso cale, sin duda alguna se convertirá en un fenómeno político.

Lo cierto es que aunque todos quieren ir en el mismo vagón, la coyuntura y la realidad política, por ahora, los ubica en lugares distintos y, como se trata de una campaña política y no de un baile de quinceañeras, evidentemente habrá confrontaciones que pueden calentar los ánimos, arrojando como consecuencia una fractura en aquella coalición por la que el presidente Uribe tanto se ha preocupado.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 30 de 2017