Con mentiras y comentarios torpes, Barreras y Benedetti son los peores enemigos para llegar a un consenso con el NO.

Lagartos. Con esa expresión podría resumirse a Roy Barreras y Armando Benedetti, dos congresistas reconocidos por su capacidad de adulación mas no por su coherencia ideológica.

Durante los 8 años de gobierno del presidente Uribe, aquellos políticos posaban de uribistas triple A. Su supuesta militancia en las filas de la Seguridad Democrática era, para muchos, exagerada y hasta producía vergüenza ajena la cantidad de adjetivos que utilizaban para loar a Uribe.

Barreras buscó su elección en el senado en 2010, preguntándoles a los electores “¿Usted también quiere defender la obra de Uribe?”. Así mismo, llenó a Colombia de vallas suyas con el eslogan “De frente con el presidente”, en alusión a Álvaro Uribe.

Benedetti no se quedaba atrás. En el senado, fue el ponente y promotor del proyecto de referendo que buscaba una segunda reelección de Álvaro Uribe en 2010.

Su uribismo era absoluto, hasta que le llegó el momento de dar la voltereta. Y lo hizo el 7 de agosto de 2010, durante la posesión de Juan Manuel Santos cuando, en su condición de presidente del Senado, pronunció un desconcertante discurso en el que, palabras más palabras menos, aseguró que la Colombia que entregaba Álvaro Uribe era similar a Haití.

La audiencia quedó estupefacta: uno de los senadores que con más vehemencia había defendido a la Seguridad Democrática, en un santiamén se había convertido en un abyecto crítico de la misma.

Pero, ¿Barreras y Benedetti son santistas? La respuesta salta a la vista. Ellos son empresarios de la política. Ven en ella un vehículo para amasar una importante fortuna y entienden que el truco está en defender a capa y espada al gobernante de turno y con ello garantizarán cuotas de poder y, de paso, impunidad.

Es curioso que mientras en la Corte Suprema de Justicia avanzan rápidamente las investigaciones contra los parlamentarios, los procesos que tienen Benedetti y Barreras duerman el sueño de los justos. El congresista barranquillero tiene 3 investigaciones en etapa preliminar, una de ellas por posibles vínculos con grupos paramilitares en el departamento del Putumayo, mientras que contra Barreras se adelantan 5.

No importa quién sea el presidente, ni a qué corriente ideológica éste pertenezca. De entrada, él sabrá que Barreras y Benedetti serán escuderos suyos, siempre y cuando les asigne una importante tajada de la burocracia oficial.

De la noche a la mañana ese par de legisladores se convirtieron en grandes defensores del proceso de paz con las Farc. Supieron que esa gestión les significaría la gratitud del presidente Santos quien no tuvo reparos en entregarles el control de entidades estatales fundamentales como Caprecom –en el caso de Roy Barreras- y la ESAP y Fiduprevisora –que fue entregadas a Benedetti-. Con esas canteras productoras de puestos y capacidad para que aliados suyos se hagan a multimillonarios contratos, han podido llenar sus alforjas y consolidar un electorado con el que renuevan cada 4 años sus respectivas curules.

De cara al plebiscito, Barreras y Benedetti se la jugaron por la victoria del SÍ. En tono desafiante, a lo largo del proceso de paz, Benedetti acusó a quienes no estaban de acuerdo con el mismo de ser enemigos de la paz “que merecen ser fusilados”. Advirtió que el SÍ aplastaría al NO en las urnas, apreciación que también fue compartida por un Barreras que además fungió como enlace de la unidad nacional y los terroristas de las Farc.

El resultado popular, como a Santos, los dejó perplejos. Según la retorcida lógica de Benedetti, 6.5 millones de colombianos deben ser “fusilados”, pues son el número de ciudadanos que quieren la paz, pero sin claudicar ante el terrorismo.

Los voceros del NO, conscientes del momento histórico y definitivo que vive el país, han planteado un gran acuerdo nacional que elabore un nuevo documento capaz de generar un consenso nacional. Sin prisa, pero sin pausa. La paz de Colombia no se construye a las volandas ni bajo presión.

Contrariando el sentido común y delatando su infinito nivel de incultura política, tanto Benedetti como Barreras cayeron en la trampa de arreciar sus insultos contra los líderes del NO y contra los millones de colombianos que votaron contra el acuerdo.

Así mismo, cumpliendo órdenes de la Casa de Nariño, se han dedicado a desinformar y a confundir a la opinión pública poniendo a rodar rumores mentirosos y versiones alejadas de la realidad que le prestan un flaco servicio al propósito de construir un gran acuerdo que salve el proceso de paz, luego de que el pueblo colombiano rechazara mayoritariamente el pacto firmado entre Santos y Timochenko.

@IrreverentesCol