Lo que faltaba: que la errática alcaldesa de Bogotá desatara una peligrosa persecución contra los ciudadanos venezolanos que se encuentran en la capital de la República, huyendo de la satrapía que lidera el narcotraficante y socio político de Gustavo Petro, Nicolás Maduro.

El Estado colombiano, generosamente abrió sus fronteras permitiendo el ingreso de millones de venezolanos que se escabulleron del hambre, la miseria, la falta de libertades y de la violencia de la dictadura. 

Es incontrovertible que nuestro país no estaba preparado para recibir a ese caudal de personas, que no contábamos con la infraestructura ni con la capacidad económica para garantizar unos estándares mínimos vitales para los refugiados. 

Pero el deber moral de asistir a nuestros hermanos venezolanos es superior a cualquier consideración de orden económico o logístico. Se trata de seres humanos que, en aras de salvar sus vidas, emprendieron un viaje sin destino definido, dejando atrás familia y haberes. 

El ejercicio de la política obliga la toma de decisiones acertadas para hacerle frente a situaciones inesperadas, como en efecto es la inmigración venezolana fenómeno que afecta a buena parte de las ciudades colombianas. Y la respuesta por parte de los gobernantes locales no puede ser violenta ni agresiva.

El temperamento explosivo e irracional de la alcaldesa de Bogotá, Claudia Nayibe López es ampliamente conocido. Su falta de serenidad y sano juicio se hacen evidentes de manera reiterada.

Su alevosía se ha trasladado al asunto venezolano, a través de unos comentarios francamente deleznables, que atentan contra la dignidad humana de los refugiados a quienes la alcaldesa, irresponsablemente, ha señalado de ser los responsables de los hechos de inseguridad que se registran en la capital de la República. 

No puede aseverarse que todos los crímenes y delitos que ocurren en Bogotá sean llevados a cabo por refugiados venezolanos, ni que todos ellos sean delincuentes. Esa estigmatización, además de falaz, es peligrosa y pone en grave riesgo la vida de miles de personas nacidas en Venezuela que tratan de sobrevivir honradamente en Bogotá. 

Eso de que los “venezolanos nos están haciendo la vida a cuadritos” y que “deben ser deportados”, es una aseveración que bien puede ser comparada con los mensajes que en la década de los 30 del siglo pasado lanzaban los cabecillas del partido Nazi en contra de los judíos. 

No estamos ante una salida en falso, sino de cara a una evidencia incontrastable del talante brutal y despiadado de Claudia Nayibe López, una mujer claramente atormentada, incapaz de ejercer control sobre si misma que no entiende el ejercicio grande de la política. En vez de sindicar a los migrantes venezolanos por los asuntos relacionados con el orden público, ella debería diseñar y poner en marcha una política de seguridad ciudadana eficaz. 

La inseguridad en la capital no se soluciona amenazando con deportaciones, sino implementando medidas rigurosas con funcionarios idóneos.

Por ejemplo, el secretario de seguridad Hugo Acero, salió con una frase que raya en el ridículo al decir que, para efectos de combatir la percepción de inseguridad que tienen los habitantes de la ciudad, la mejor alternativa consistía en no ver noticias relacionadas con ese tipo de hechos. 

Aquella medida, bien puede ser bautizada como la ‘estrategia del avestruz’. Para no ver lo que sucede, enterrar la cabeza en la arena. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 3 de 2020