¿A quien se le ocurre dejar crecer los cultivos de coca, materia prima y combustible de la delincuencia y el terrorismo, en una economía cuya informalidad laboral está cerca al 75% y la presencia del Estado en muchas zonas es inexistente?

Según datos de la Fiscalía el 65% de los homicidios a los líderes comunales en las veredas tienen su móvil en el narcotráfico. Incluso los desplazamientos y demás crímenes tienen que ver con este flagelo que se dejó crecer en tiempos del acuerdo de paz con la Farc. De hecho el grupo terrorista ELN que en el año 2010 estaba prácticamente extinguido, en ese periodo se fortaleció como nunca lo habían hecho en sus 55 años de existencia. Hoy muy poderoso, con gran capacidad militar. 

Fue una imposición de ese grupo terrorista exigir para lograr la paz que los cultivos no se tocaran y entonces pasaron de 42.000 a 220.000 hectáreas y la exportación del alcaloide paso las mil toneladas métricas. Crecimiento este sumamente estratégico fundamentado en la  maniobra de todas las formas de lucha. 

Se podría decir que toda la violencia que vive la nación desde hace 40 años se genera a partir de esta sub economía paraestatal que maneja miles de millones de dólares, con enorme capacidad de corrupción la que ha penetrado casi todos los estamentos sociales y en algunas regiones es la que impone la ley y la autoridad por su gran poderío militar. Es tan significativo el negocio que representa el 3,6 de PIB nacional generando movimientos anuales de más de 20 billones de pesos(tres reformas tributarias). 

Es tanta la ganancia en un país que no produce empleos que se han creado una tercera, cuarta y quinta generación de grupos inmersos en el negocio que manejan al menudeo ganancias de más de 6 billones de pesos anuales que equivale al 0,75 % del PIB. 

Era más que estratégico no dejar crecer los cultivos y el presidente Uribe lo tenía muy claro cuando logro reducirlas de 120.000 a 42.000 hectáreas que fue lo se le entregó a Santos y que si se hubiera seguido con esa política de destierre hoy no habría una mata de coca en Colombia y mucho menos grupos delincuenciales ni terrorismo. 

El empalague del premio Nobel desatendió las zonas supuestamente dejadas por la Farc. Todas las formas de lucha develan lo que igualmente acontece con el ELN, que existen dos grupos;  los guerrilleros de escritorio y los guerrilleros de campo, que son los que están dedicados al narcotráfico y los que realmente son fuertes como lo demuestra el caso de Pablito en el ELN, quien es su líder por encima de los del comando central (Coce). Y quien es el “genio” del ataque terrorista a la escuela general Santander. Y que los guerrilleros de escritorios sentados en la Habana tuvieron que darles el visto bueno para presentarse como un grupo sólido y cohesionado.

Tal vez una de las peores cosa de este flagelo que se dejo crecer por buscar la paz, es el aumento significativo del consumo en Colombia, posicionando al país en Suramérica como el cuarto que más consume. Llenado las ciudades de adictos y destruyendo a los jóvenes colombianos.

@rodrigueztorice

Publicado: enero 24 de 2019