Cuando Donald Trump promete la vacuna contra el covid-19 para antes de finalizar el año, sabe que le va la vida en ello. La pandemia le sacó del bolsillo una reelección que tenía escriturada por los excelentes resultados económicos de su gestión, todo lo cual se ha venido abajo con el virus y su errático manejo, sumándole miles de muertos a las pérdidas económicas. Sin duda, los gringos podrían perdonar una cosa, pero no las dos juntas, y semejante naufragio solo podría evitarse cumpliendo una gran promesa, que equivale a la que hizo Kennedy de enviar un hombre a la Luna, con la diferencia de que él no vivió para verlo.

En cambio, los rumores aseguran que Trump sí podrá ver cumplida la suya y que, probablemente, hasta podrá salvar su reelección. Son muchos los países y las multinacionales que están trabajando a marchas forzadas para tener la vacuna este mismo año, y no hay razón para pensar que se trate de un reto tan descomunal para la ciencia como para que se requieran décadas de investigación. Por fortuna, todo parece indicar que esos que creyeron que el virus se convertiría en la Némesis del capitalismo, en la crisis que lo iba a enterrar, obligándonos a otro modo de vida, se van a quedar esperando.

De hecho, ellos también dan por sentado que la vacuna va a estar lista muy pronto, aunque acuden a otros motivos para argüir que ella no traerá la solución. Afirman, entre otras cosas, que será muy costosa, que se destinará inicialmente a países del primer mundo y que su producción y distribución será muy lenta. En una crónica del New York Times (El coronavirus y el futuro que nos espera, 21/04/2020), un exdirectivo de Merck asegura que la mayoría de plantas de vacunas de EE. UU. producen solo de cinco a diez millones de vacunas al año para los cuatro millones de bebés que nacen y los cuatro millones de adultos que pasan de 65 años. «Si inventan una vacuna, Estados Unidos puede necesitar 300 millones de dosis, o 600 millones, si se necesitan dos vacunaciones». De ahí que haya aves de mal agüero que concluyen que vacunar a todo el planeta se tomará no años sino décadas.

Por fortuna, hay buenas noticias. En primer lugar, nadie aceptará que, en medio de semejante crisis, esta vacuna ostente derechos de propiedad intelectual al estilo de cualquier otro medicamento, con las consiguientes ganancias fabulosas para las compañías farmacéuticas propietarias de la patente. La verdad es que la vacuna contra el covid-19 tendrá que ser compartida con toda la humanidad. Seguramente llevará el nombre del país, empresa o investigador que la logre desarrollar, pero, aparte de una compensación de la comunidad de naciones en términos de algunos cientos o miles de millones de dólares, tendrán que permitir su producción en todo el mundo. En segundo lugar, fabricar vacunas u otros medicamentos, no es tan complicado. Según expertos, cualquier destilería puede ser fácilmente convertida en un laboratorio para producir vacunas, por lo que algunas de nuestras licoreras o cervecerías, oficiales o privadas, deberían aprovecharse para elaborarla y tenerla a nuestra disposición casi al momento de que reciba luz verde para su aplicación en humanos.

Ya el Ministerio de Salud y demás autoridades sanitarias deberían estar considerando la posibilidad de acondicionar esas factorías con el fin de generar la vacuna en el país, no sea que después nos coja la noche y pasen meses antes de poder iniciar la vacunación masiva y gratuita. Que no se repita el bochornoso papel del Invima cuando demostró su lentitud y su negligencia al tardar semanas en conceder el permiso a la Fábrica de Licores de Antioquia para elaborar alcohol antiséptico, a pesar de la urgencia con que se requería este desinfectante, y como si esta licorera oficial, en sus cien años de funcionamiento, no hubiera elaborado nunca ese tipo de alcohol. Esta entidad también está haciendo un papelón con respecto a los ventiladores que se están desarrollando con ingeniería criolla.

En fin, hay que ser optimistas: pronto habrá vacuna —así como medicamentos para tratar esta enfermedad—, pero que no vaya a ser el Invima el verdadero tropiezo de la inmunización.

@SaulHernandezB

Publicado: mayo 19 de 2020