El saliente alcalde de Medellín, Federico –Fico– Gutiérrez hizo una muy mala apuesta, que puede tener consecuencias graves en su futuro político inmediato.

Su mezquindad y desmedida sed de poder, lo llevó a lanzar a un candidato inviable con la esperanza de perpetuarse -en cuerpo ajeno- en el poder. 

En efecto, el alcalde de Medellín puso a la administración de la capital antioqueña al servicio de la candidatura fallida de Santiago Gómez, quien sacó poco más del 12% de los votos en las recientes elecciones, quedando en el tercer lugar. 

Aquello, abrió un boquete que desembocó en la derrota de Alfredo Ramos quien perdió por menos de 9 puntos porcentuales.

Por su parte, la facción política liderada por la senadora del Centro Democrático, Paola Holguín -denominada “los paolos”-, se dedicó a impulsar al candidato de Gutiérrez -socio político y comercial de la Holguín-, en detrimento de los intereses del partido uribista.

Santiago Gómez no podía ganar, pero sí tenía la posibilidad de impedir la victoria de Ramos. Y a eso le apostaron tanto Federico Gutiérrez como Paola Holguín, a quienes les tuvo sin cuidado que Medellín quedara en manos del petrista Daniel Quintero Calle.

Un parlamentario antioqueño, asegura que Holguín y Fico tenían el objetivo común de debilitar a Ramos, pensando en las presidenciales de 2022, en las que ambos, sin sentido de las proporciones ni de la realidad política, pero pensando con el deseo, quieren presentarse como candidatos.

A lo largo de la campaña, Paola Holguín, a través de maniobras altamente cuestionables, se encargó de posicionar a los aspirantes de su facción, buscando convertirse en la “gran electora” de Antioquia. “La generala”, que es la forma como le gusta que la llamen, a las malas hizo que sus prohijados recibieran el aval del Centro Democrático, con el propósito de fortalecerse.

Tal y como en su momento lo revelaron LOS IRREVERENTES, Holguín les anunció a las directivas del Centro Democrático que, pasadas las elecciones regionales, renunciaría al partido. Elevó consultas ante las autoridades electorales, con el fin de asegurarse que la dimisión a la colectividad del presidente Uribe no la obligara a salir del Congreso.

Según sus cuentas, con el triunfo de “los paolos”, tendría el capital suficiente para, al decir popular, armar rancho aparte. 

Pero las cosas no le salieron como ella esperaba. El 27 de octubre, uno de los sectores más apaleados por los electores fue, precisamente, el que ella lidera. En efecto, el grueso de sus candidatos fueron duramente castigados en buena parte de Antioquia, lo que demuestra que “la generala” sobredimensionó la fortaleza que tanto enrostró durante el certamen que acaba de culminar. 

Gutiérrez no es uribista, pero lleva meses enteros coqueteándole al Centro Democrático y al presidente Duque porque quiere competir por la presidencia en 2022. Visto lo visto, aquella aspiración -legítima por demás-, en ningún caso puede contar con el apoyo ni del gobierno, ni mucho menos de los seguidores del presidente Álvaro Uribe. Él jugó sucio y deberá asumir las consecuencias de su ruindad. 

Ahora, cuando esté en el asfalto y Medellín empiece a sufrir las consecuencias de haber elegido a un petrista en la alcaldía, seguramente se dará cuenta de su garrafal equivocación. La pregunta es: ¿Su aliada Paola Holguín estará ahí para tenderle la mano, o lo dejará abandonado? Solo el tiempo podrá dar la respuesta a ese interrogante. 

Todo en la vida, tiene consecuencias y si algo se paga caro en la política es la traición. Paola Holguín, agazapada y ruinmente, anteponiendo sus turbios intereses personales, es la directa responsable de la estrepitosa derrota del Centro Democrático en Antioquia, departamento que es considerado como la “meca” del uribismo. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 29 de 2019