Juan Manuel dejo la torta de la corrupción y el narcotráfico servida. Él tenía pleno conocimiento del mal que estaba haciendo, pero ganar un Nobel estaba por encima de cualquier otro interés. Acuérdense que a Santos el único interés que lo domina es su ego y su vestido de paño inglés. Él no tiene ningún afán o buena intención cargada de nobles propósitos, porque sabe que el modelo marxista ha sido un fracaso en todos los países donde se ha intentado implementar. Como todos sabemos el muy honorable Premio Nobel de Paz lo concede la izquierda europea.

Entonces acolita su implantación porque quizás es la más  importante estrategia del Foro de Sao Pablo en la búsqueda para implantar el modelo neomarxista; dejar crecer el narcotráfico no solo como una herramienta de financiación sino también como elemento perturbador de la paz social y económica de la nación.

¿Cómo es posible que no se advierta que dejar crecer los cultivos de coca y el aumento notable de la producción y exportación del alcaloide no iba a producir el enorme caos y violencia que vive Colombia?

Hoy producto de eso, es imposible bajar las hectáreas sembradas, a pesar de los esfuerzos de la erradicación manual y demás. Y muchos menos disminuir las toneladas métricas de cocaína para exportación. Como también la aparición cada vez más de bandas delictivas y de laboratorios de producción de la maldita droga. Hay ya miles de bandas que se disputan el negocio. Esa es la nueva guerra, la disputa por el manejo millonario del narcotráfico. Por eso el acuerdo de La Habana no solo protege los cultivos sino que pretende  legalizar la producción de cocaína porque hacerlo genera el caos y sirve la torta del descontento para implementar su anhelado modelo.

La guerra ahora es partir del manejo y el empoderamiento del negocio. El 98% de los crímenes a líderes sociales lo motiva el dominio del negocio y la hegemonía en los territorios donde se desarrolla este. Uno que produce a nivel mundial tanto dinero como el petróleo. El negocio de la cocaína ya es una multinacional muy poderosa del cual se sostienen países como Venezuela, México y Cuba. Que en su cadena de producción el primer eslabón  empieza en nuestro país. Se es consciente que la demanda del mercado aumenta la oferta y que debe ser su solución manejada de doble vía; controlar el consumo y controlar la producción.

Lo que se pide es que muden el negocio para otro país, lejos de las fronteras de Colombia, México por ejemplo. Por lo tanto hemos pasado a ser el país más corrupto del mundo. La herencia que recibió el presidente Duque es tenaz y maldita, y a pesar de eso está tratando de cambiarla, de allí mi admiración. El dinero que produce el narcotráfico crea un paraestado muy poderoso. Por eso el presidente Uribe Vélez no pudo ponerse de acuerdo con las Farc, porque exterminar los cultivos era tal vez la mayor condición para llegar a un acuerdo de paz.

@rodrigueztorice

Publicado: enero 23 de 2020