Para nadie es un secreto que Hollman Morris es un fabricante experto de teorías conspirativas. Acostumbrado a evadir la responsabilidad de sus actos, cada vez que está en el ojo del huracán como consecuencia de su desbocado comportamiento, recurre a la herramienta de inventar tesis fantasiosas con las que pretende excusarse. 

Su profesión es ser víctima. Cuando era un perfecto desconocido -hace 18 años- recreó supuestas amenazas para ambientar un exilio a España. Luego, durante el gobierno de Uribe, posó de víctima del régimen para evadir sus responsabilidades penales. 

Valga recordar que Morris aparece reseñado en el computador del terrorista alias Raúl Reyesa quien recomienda hacer una serie de documentales para presionar el canje de secuestrados por presos de la guerrilla. Tan poca cosa era el señor Morris, que el propio Raúl Reyes-como se lee en los correos encontrados en su computador- los trataba como si fuera un verdadero mequetrefe, en el estricto sentido que la Real Academia Españolale concede a aquel adjetivo. 

En vez de aclarar sus indignantes vínculos con las Farc, Morris optó por victimizarse -algo común en él- y huir algún tiempo del país, amparado por organizaciones internacionales afectas a la extrema izquierda. 

Ahora, luego de que su digna esposa, doña Patricia Casas, lo ha denunciado por violencia intrafamiliar, Morris vuelve a su antigua fórmula de posar como víctima, para hacerle el quite a su responsabilidad frente a las gravísimas acusaciones que le hizo la madre de sus dos hijos, uno de ellos menor de edad. 

Uno de los más graves señalamientos apunta a que Morris, como consecuencia de sus adicciones a las drogas ilícitas, le ha infringido sufrimiento y dolor a su núcleo familiar. 

Con toda desfachatez, Morris elaboró una tesis que ni a los más fantasiosos autores policiacos se les habría ocurrido. Según él, las persecuciones de que supuestamente fue objeto por orden del presidente Uribe, lo desestabilizaron de tal forma, que lo condujeron a convertirse en un drogadicto y en un alcohólico. Una tesis absurda, descabellada, de tal inverosimilitud que ni el más paranoico puede llegar a compartir. 

Pero el argumento que Morris fabricó para excusarse se desmorona al leer la denuncia que su esposa presentó en la fiscalía. En efecto, en dicho documento al que tuvieron acceso LOS IRREVERENTES, se lee -numeral 16, folio 3- “El señor Hollman Morris, le confirma a la señora Patricia Helena Casas, que efectivamente empezó a consumir alucinógenos desde los 15 años y que él podía manejar el consumo porque este era ocasional”. Cuando Morris tenía 15 años, el presidente Uribe estaba muy lejos de ser presidente de la República. 

Aparte de la denuncia contra Hollman Morris

La defensa que hizo Morris de su comportamiento en el programa radial que al medio día tiene la emisora W Radio, es una demostración de su cobardía y de su falta de dignidad para enfrentar los graves señalamientos y denuncias que en su contra ha hecho su esposa. 

Según se lee en la denuncia presentada ante la fiscalía general de la nación, cuando Morris empezó a prosperar económicamente gracias al dinero que obtenía por su programa Contravía –financiado con dineros de la cooperación internacional“la señora Patricia Casas iba descubriendo las infidelidades de u esposo, el cual asistía a muchas rumbas, acompañado de drogas, prostitución y desórdenes de todo tipo”. 

Uno de los motivos por los que la fiscalía investigará a Morris es la tortura psicológica a que ha sometido a sus hijos, particularmente al menor de edad quien ha sufrido consecuencias permanentes por cuenta de sus abusos con drogas, prostitutas y alcohol, una de las más aberrantes manifestaciones de violencia intrafamiliar. 

Paralelamente a la denuncia formulada por la esposa de Morris, la cual está acompañada por 6 pruebas que resultan irrefutables, surgió una acusación hecha por una mujer de la extrema izquierda, la señora María Antonia García -hija del cuestionado Bernardo García- quien a través de su cuenta de Twitteraseveró que fue acosada y besada “a la fuerza” por el hombre que fue “TT” -tendencia- en evidente referencia a Hollman Morris.

Morris, con todo cinismo, negó dicho acoso y se limitó a decir que “se tomó unos tragos” con García de La Torre. 

Trino de la izquierdista María Antonia García

Lo cierto e irrefutable es que muy difícilmente las autoridades judiciales van a creer las explicaciones de Morris quien pretende hacer creer que es un drogadicto que ejerce violencia psicológica y económica contra su esposa e hijos como consecuencia de un complot urdido por el presidente Uribe y puesto en marcha por el abogado Abelardo De La Espriella, cuya firma de abogados representa a la señora Casas. Aquella tesis estrambótica, solo puede emanar de una mente enferma que requiere de intervención médica de manera urgente. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 25 de 2019