El día que Juan Manuel Santos reveló la terna para la fiscalía general de la nación, los integrantes de la misma no eran los que al final resultaron.

Esa mañana, Santos abordó el avión presidencial con destino a la ciudad de Cartagena con un papelito en el bolsillo. Ahí tenía apuntados los tres nombres que presentaría ante la Corte Suprema de Justicia para la selección del reemplazo de Eduardo Montealegre.

Los nombres que Santos había incluido, en buena medida presionado por la ex ministra María Lorena Gutiérrez, eran: Yesid Reyes, Mónica Cifuentes y la ex directora del CTI de la fiscalía, Carmen Maritza González.

¿Qué sucedió durante el vuelo de Bogotá a Cartagena que obligó al presidente a alterar la composición de la terna? No incluir a Néstor Humberto Martínez se habría entendido como una invitación a que Cambio Radical saliera de la coalición de gobierno, empezando por la renuncia del vicepresidente Germán Vargas Lleras.

Santos era consciente de que la integración de la terna causaría heridas políticas. Por eso, al final prefirió escoger el mal menor, es decir sacrificar a María Lorena Gutiérrez y no a su vicepresidente.

Era claro que si Néstor Humberto Martínez entraba a la terna, por esa misma puerta saldría Gutiérrez del gobierno, tal y como sucedió. En esta oportunidad, Santos decidió entregar la cabeza de su más leal colaboradora.

La otra sacrificada del movimiento político, Carmen Maritza González, fue recompensada de manera inmediata. Una vez se protocolizó la salida del director de la UIAF, Luis Edmundo Suárez, por cuenta de haber revelado a periodista de The Economist el estimado de la fortuna de las Farc, Santos nombró en reemplazo suyo a González.

No fue ternada, pero sí fue nombrada, como consolación, en la poderosa dirección de la UIAF.

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