La lengua española tiene una rara característica, una extraña circunstancia, que se sucede cuando el planificador o diseñador de un programa de cualquier tipo que sea, cree que al mencionar y escribir las palabras en un texto, estás se van a realizar y a suceder en el acto, como si el idioma tuviera la magia de realizar las cosas o hacerlas suceder al simplemente nombrarlas. Es el caso de la tal consulta contra la corrupción que lidera la senadora Claudia López y sus amigos, quienes creen que al enumerar una serie de acciones en un texto, estas se van a suceder de inmediato. Y así viene pasando con nuestros planes de desarrollo, con nuestras constituciones políticas, a tal punto que el novelista francés Víctor Hugo cuando leyó alguna vez una de estas, dijo que parecían estar diseñada para ángeles. Por desgracia en ese aspecto nuestro idioma no es tan preciso y directo como otros. Como  el inglés, que es muy directo y sin ambages. Y pongo un ejemplo que se usa para denotar esto, a un angloparlante si se le cae un vaso de la mano, dice; “he dejado caer el vaso”, cuando un hispanoparlante diría “se me cayó el vaso”, como si acaso una fuerza extraña externa se lo haya tumbado, como si el no fuera la causa de la caída del vaso. El alemán por ejemplo, que dicen es el idioma más idóneo para conducir submarinos, dada su precisión y efectividad.

Se podría decir que el español es un idioma para “hablar paja”, o “echar carreta” como dicen los bogotanos. Y por eso la senadora López y sus amigos creen que al mencionar en un texto una serie de medidas contra la corrupción, estas se van a suceder enseguida, como por arte de magia. Pero lo peor es que las personas (no es mi caso porque no la voy a votar)  creen que si se pueden suceder, y con seguridad saldrán a votar, porque es un problema de todos, en creer en la magia del idioma que soluciona las cosas al sencillamente nombrarse. Es tan veras esta tesis que las medidas a tomar en la tal consulta anticorrupción, ya algunas, casi todas, están en nuestros códigos y leyes hace mucho tiempo, y simplemente no se cumplen, por esa rara condición del idioma español que menciono. Es el típico caso del refrán popular que dice; “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

Cuando la justicia y el castigo se apliquen por igual a todos y no sea una justicia selectiva, y se use severamente solo para los de ruana, estoy seguro la corrupción empezara a ceder los espacios a la legalidad y el orden. Si no se castiga fuertemente, sin carácter distintivo, con penas privativas de la libertad, con penas intramurales, incluso en pensar en cadena perpetua para delitos políticos, en revisar la posibilidad de implantar la pena de muerte para los delitos electorales (que es donde se inicia la gran corrupción) jamás habrá ninguna consulta que valga la pena,  y el idioma español seguirá teniendo esa rara característica, la de “hablar paja”.

@rodrigueztorice

Publicado: julio 19 de 2018